jueves, 17 de diciembre de 2015

¿Siempre así?



Esperar la ausencia y la soledad
tras la dicha de un momento,
tras alguien, nadie.

Y empezar de nuevo
para llegar al repetitivo y absurdo desenlace.

Después de pérdidas y ajetreo,
después de la guerra,
el sosiego
y tras este
vuelta otra vez al mal tiempo,
tras la calma, la tormenta,
tras el agua, la sequía.

¿Cómo retener contigo las ganas
a pesar de la existencia
de estos dos momentos continuos?

¿Cómo seguir siendo, estando,
compaginando la muerte
con el afán y la ilusión de vivir?

¿Y cómo seguir siendo, estando,
cuando lo primero, la oscuridad,
es capaz de engullir todo lo demás?

Después del trabajo
un breve descanso,
después de las obligaciones,
algo de tiempo libre,
remplazar las exigencias
por algo que nos hace olvidarlas
y vuelta una y otra vez a empezar.

Evasión de la realidad,
desaparición momentánea,
creamos dependencia de diferente forma,
otra vez esclavos,
siervos de engranajes
que nos van marcando el tiempo,
el que perdemos.

Y entre tanto nos preguntamos
por qué, para qué y hasta cuando.

¿Siempre así?
¿Siempre entre dos posibles?
¿Siempre dos opciones,
dos únicas vías que se preceden?

Quizá esa sea la verdadera guerra,
el verdadero tiempo,
la sensación de muerte y de vida.

Quizá todo se base
en no quedarnos estancados
solo en una de ellas,
sino en cambiar,
salir del pozo y meternos en él
el mismo número de veces.

Empezar y acabar,
constantemente y en bucle,
sin parar,
asumiendo esa dualidad,
queriendo seguir,
queriendo vivir.



viernes, 27 de noviembre de 2015

Qué esperabas...



"No cambio cicatriz por medallas,
así que deja mis heridas en paz."
-Escandar A.




Cuando el tiempo pasa a tu lado
y lo miras con desprecio,
alzando la vista atrás
como pidiendo un juicio justo
y él, con una mueca
te susurra que ya es tarde.

Porque de nada vale arrepentirse
ni maldecir ahora la rutina,
y es que, hace una semana -dice-
eras tú quien sonreía.

¿quién te ha borrado el rostro?
¿quién te ha secado la piel
y mojado los ojos?
¿quién ha hecho del recuerdo
una cárcel sin posibilidad de huida?
¿quién más que tú
se lanzó al vacío
convencida de que la salvarían?

Ilusa.

Y ahora intentas creer
que puedes seguir creyendo en algo,
estancada en la misma parte
de tus repetidas caídas,
como ese nivel
que nunca consigues pasarte,
pero ya no puedes,
no te quedan vidas.

Y cansada
te tumbas sobre un cuerpo
que no respira a tu compás,
te conviertes en espectadora de sus latidos,
lo miras como si fuera el motor de tus fuerzas
sin saber que a medida que te acercas,
te paraliza,
y al alejarte
ya nunca serás la misma.

Tenías que mancharte,
llenarte de sangre,
toparte con la realidad
mientras veías cómo todo
volaba por los aires.

¿Aún crees en eso de ser feliz?

Afronta el error y aprende.

De una vez.
A vivir.



miércoles, 28 de octubre de 2015

Nos retiraremos a la vez.


Lo que puede pasar y no pasa
se va entrelazando con el ahora,
y a veces
amenaza con matarme.

Lo ensucia todo, lo rompe,
lo estrangula hasta dejarlo sin aire
y luego se lo devuelve.

Se balancea sobre mi cabeza
haciéndome olvidar el presente,
mostrándome momentos ficticios,
presentándolos como reales.

Hasta que vuelve la rutina,
las obligaciones.
Es entonces cuando todo deja de poder pasar,
y tú no estás, no hay nadie.

Hoy tampoco has decidido quedarte.

¿Los oyes?
me gritan que camine por este camino,
como si ellos supieran qué es lo correcto,
como si ellos supieran quién eres,
como si conocieran la fórmula exacta
que tengo que aplicar
para dejar de sentirme así,
como si entendieran mis razones.

Soy un conejillo de Indias
y aún no sé salir de mi jaula.

Pero corro dentro de ella y me creo libre.
Ellos miran y se ríen.
Lo han conseguido,
saben que lo han conseguido.
Joder, lo saben.

«Manos arriba» nos dicen,
y yo te suelto.
Son niños jugando con armas,
siguen apuntándonos y yo insisto,
digo que te he soltado.

«Corre» te gritan,
y tú huyes.
«Se acabó» me gritan a mí.
Bajo las manos,
ya ni siquiera me oyes,
y ellos me matan a tiros.

Te he dejado ir.

Si uno de los dos decide abandonar la guerra
nos retiraremos a la vez.
Lo sabes, joder, lo sabes,
ya no puedo seguir en pie.

Corre en tu jaula, corre,
nunca dejes de hacerlo,
aunque la soledad te ahogue
y encontrarte contigo mismo te de miedo.

Corre hasta que quieras quedarte con alguien.
Corre hasta que quieras quedarte.
Corre hasta que quieras.

Corre.




miércoles, 7 de octubre de 2015

Prometo llevarte flores.



Para vivir
sólo
me hago falta yo.

Y nosotros no estamos muertos.
Pero casi.

Como cuando en las películas,
la chica, sentada,
rechaza cualquier:
¿me concedes este baile?
y espera,
espera
y espera.

Poniendo la mano en el fuego
por quien nunca la salva.

O por quien lo hace, y luego,
como si nada,
decide soltarla.

Odio esas escenas, las detesto,
y es ahora cuando me niego
a seguir protagonizándolas.

"Nadie baila como yo mi canción favorita",
escúchala,
está sonando
y acabo de levantarme de la silla.

Y voy a bailar descalza,
hasta tener agujetas en las uñas,
hasta que los focos se apaguen
y pongan en pause la música,
hasta que la libertad
me salga por la boca y las pestañas.

Ojalá entiendas,
antes de que sea demasiado tarde,
que siempre se puede elegir
llegar a tiempo a los bailes.


Porque no has muerto,
pero casi.



sábado, 3 de octubre de 2015

Cierre y demolición.

...seguir en pie quiere decir coraje
o no tener donde caerse muerto.
-Mario Benedetti.




Mis ruinas ya han sido polvo antes,
ya saben reconstruirse durante el invierno,
a base de muros,
de cemento.

"Reconstruirse",
como si alguna vez
hubiera estado en pie,
como si alguna vez hubiera volado
en vez de caer,
como si no hubiera suelo,
como si no doliera nada,
ni siquiera las hostias
al darme de bruces contra él.

Piedra hueca y poco pesada,
fachadas reducidas
como en tantas otras muertes
a vulgares cenizas,
asquerosas e insignificantes,
privadas de su fuerza
cuando tú te acercas,
cuando me miras.

Porque tienes el efecto mariposa
incrustado en cada uno de tus dientes,
descansando,
encarcelando la felicidad,
pero cuando ésta abre los ojos,
cuando se acaba el tiempo
y el morbo de la cuenta atrás
hace explotar la bomba,
cuando intentas cortar el cable
pero ya es demasiado tarde,
cuando sonríes,

joder cuando sonríes.


Los derrumbamientos a tu alrededor
exterminan ciudades,
devastan imperios,
y tienen la capacidad de aliviar,
como las alas que me puso Escandar
anoche en el recital,
como cuando la música es tu risa
y es más de lo que necesito
para ponerme.
A bailar.

Es la borrachera de palabras,
las ganas irrefrenables de vomitar
toda la mierda de dentro,
de aquí dentro,
y tú diciendo que sigue sin ser grave,
ni siquiera cuando quema,
ni siquiera con el fuego.

Y ahora que el destino ha empezado
a tornarse derrota,
que nos cede la responsabilidad
de nuestros logros,
él,
que nos enseñó a apostarlo todo
al precio más alto,
sin sal ni limón para suavizar
el trago amargo,
sin dejarnos ganar ni una puta vez,
sin dejar de hacernos perder
mientras nos vendía
su falsa y sabia vejez.

Qué egoísta suena
querer ahogarte,
tragar sabiendo que es inútil
inundar algo que se vuelve a secar,
vaciar, vaciar y vaciar,
hasta desaparecer,
hasta la saciedad.

Y como quien sufre pérdida de memoria
me hago la cuerda,
y te invito,
sin que lo pidas,
a entrar.



miércoles, 16 de septiembre de 2015

Si no puedes tú, nadie puede.


"Eres la que siempre creyó
que soy causa y efecto
y yo sé que no,
soy las goteras de tu inundación..."
Carlos Siles.


Decir "adiós"
con la boca repletita de dudas
es como tirarse en paracaídas
sin querer hacerlo,
no te sale la voz
ni puedes gritar
-por muy acojonada que estés-
esas cuatro palabras
que nadie toma en serio:
"...pero, si quieres, quédate."

Que sí,
que queremos lo que envenena,
el dilema, Leiva
es que cuando te enamoras
hasta del antídoto
es imposible evitar que te consuma.

¿Desde cuando nos ha importado la luz
si los ojos son capaces de adaptarse
a toda clase de oscuridad y sombra?


Hay que saber mirar mejor,
sin sentir que nos engullen,
sin que resulte trágico,
y,
si el agua se empeña
en separarnos
dejaremos que nos ahogue,
no sin antes
intentar lo contrario.

"Va a subir la marea..."
y yo aquí, esperándote.


Septiembre ya está incrustado
en nuestras venas,
nos obliga a dejar el verano ahí,
olvidado,
nos empuja,
tratando de ordenar nuestros huracanes,
hacia nuevos desafíos,
hasta convertirlos en una leve corriente de aire,
nuevos comienzos, deseados finales.

Llega como una tragicomedia,
haciéndome ver la vida
bajo los efectos
del síndrome de Stendhal,
llega mientras digo que me agarre,
que me inunde, que me llueva,
que yo,
salgo a mojarme,
para que me cale,
para que me salve,
para que me haga sentir como nueva.

Habrá que dejarlo pasar,
acogerlo como todos estos años,
con música que nos haga arder,
con la humedad de las ojeras
en los rostros,
saber plantarle cara
y asimilar los domingos
que vamos a pasar solos.

"y tú te morirás cuando te diga adiós,
si tu te vas me voy contigo amor..."

Las canciones que cantamos
a pesar de que para el artista
signifiquen algo totalmente distinto,
las hacemos nuestras,
gritamos con fuerza cuando llega el estribillo
y saltamos justo cuando oímos esa frase
con la que nos identificamos,
y asentimos como si de verdad
hablara de nosotros mismos.

Nunca te he dicho adiós
por miedo a lo mismo,
pero si algún día
te susurro el definitivo
y te confundes con mis ganas de odiar,

por favor,
lee mis labios
y entiende la metáfora,

porque quien dice leer
se muere por besar.




martes, 8 de septiembre de 2015

Eterna sombra.




La poesía no muere
aunque las musas sí,
ella sólo se nutre de despojos,
y el escritor se queda en la mediocridad,
al ritmo que sus huesos laten
y se deja caer en cualquier par de labios,
unos mejores que los suyos
con dientes dignos de ver
y cuerpo de infarto.

"Los pétalos de plástico
nunca han sido ni serán flores",
se dice después,
y los arranca
en un arrebato de culpabilidad,
como si matar un cadáver
no fuera
asesinato.

Nunca le he dado vida a la poesía,
ni tampoco a mi misma,
para qué engañaros.

Llevo más de dos días
viendo la lluvia caer,
parada,
sobria de realidad,
como quien necesita asimilar una pérdida
para poder continuar,
preguntándome cuando escribiré
sobre coleccionar fotos borrosas de ti
por estar riéndonos detrás de las cámaras,
por estar los dos,
preguntándome cuánto más hace falta
para decir de una vez:
por fin.

Me impregno de errores,
me calan defectos, dudas y catástrofes,
dejo que me invadan,
que me invada.
Todo.
De golpe.
Pero no me rindo.

Las guerras propias siempre se funden
con las batallas a lidiar con el mundo,
por eso no acaban,
porque no pueden ni deben acabar.

Asimilo la partida,
aprendo la técnica
y visualizo consecuencias
anticipándome a las jugadas.
Sigo quieta, en espera,
dejando espacios,
vía libre para los ataques,
sin bloquear el camino hacia la reina.

Pasad. No voy a subir la apuesta.

Jugar nunca ha sido comprometerse
y perder con tus reglas
no es más que una derrota
que ni suma ni resta,
solo desgasta,
que me mantiene alerta,
viva, despierta.

Trato de ordenar ideas inconexas,
ecuaciones a resolver
sin solución,
paradojas acumuladas
que van pesando en mi interior.

Es una doble destrucción,
dos salidas cerradas
en un callejón sin ventanas,
la boca del lobo que me traga,
que me persigue
sin darme apenas ventaja.

Al final miedos,
miedos que van pisándome los talones
y que me hacen llegar tarde
a todas mis victorias,

ahora lo veo:
encajar conmigo misma
siempre ha sido el puzzle,
y la pieza que me faltaba,
todo este tiempo,
también he sido yo.

Ya es hora de acabarlo.



martes, 1 de septiembre de 2015

Nota extensa sobre la locura.



Jueves. De madrugada. Casi viernes. Alguien habrá, piensa, como él, dando vueltas en la cama. Y más tarde, descalzo, en el balcón, alguien habrá, ahora solloza, que lo comprenda. Se trata de pensar hasta quedarse seco, paralizado, respirando sin saber para qué, con qué propósito ocurre y qué es lo que dicta su final, desmenuzando su alma, intentando hallar respuesta para unas preguntas de las que nunca logra discernir su prioridad, pero eso sí, con el lastre de tener que pertenecer a la sociedad.

¿Es su voz la que escucha? ¿O es la que quieren ellos que merodeé por sus entrañas?

Se retuerce hacia el lado izquierdo. Cierra los ojos. Asimila su fobia, sabe que últimamente accede a salir por el absurdo motivo de producir satisfacción en sus caras, contesta con un sí indiferente que ellos siempre aceptan, con una mueca de aprobación ya muerta, ponen buena cara, el supone que se alegran de verle, y aunque nunca lo sepa, acierta. Una leve sonrisa asoma cuando le gritan al camarero que ponga otra ronda, a lo que este contesta que sí, que la vida hay que vivirla y que por qué no, esta noche, invita la casa. Tiene delante un montón de rostros que esperan una acción, una reacción, una queja, un cumplido quizás, algo humano del ser que ellos mismos juzgan como lo contrario. Pero no le importa, el calificativo "loco" tiene el mismo porcentaje de insulto que de halago, siempre se ha usado para describir las mentes que otras mentes no pueden comprender, ya sea por incapacidad, envidia, falta de perspectiva o carencia de curiosidad. Miró las caras pero no observó ninguna, cerciorándose de que si las volviese a ver serían para él tan desconocidas como la suya propia. Nadie le representaba, ni siquiera el mismo, y tampoco hacía falta.

Le ponía nervioso pensar que si esa reunión llegaba a durar más de una semana, nadie tendría tema de conversación, ni historias que contar, ni absolutamente nada. El contacto humano siempre había sido parcial. Pero seguía allí, y una vez más no conectaba con esas mentes, no después de escuchar esa sarna de palabras malsonantes. "La vida hay que vivirla" y lo dice -piensa-, alguien que entiende ganarse la suya  por el mero hecho de trabajar en una taberna hasta los fines de semana. Es entonces cuando oye un pitido y se dice así mismo que su odio no puede cegarle más de la cuenta, no puede cubrir sus ideas. Y ve que llega incluso a cuestionarse la utilidad de los demás casi tanto o más como la de su estúpida existencia, y una parte de él los odia, sin ninguna razón aparente, sin recoger datos con los que poder juzgar, ¿pero para qué? a los ojos de otra persona ese juicio imprescindible para él puede tener las mismas consecuencias, que en un hipotético caso, matar una hormiga, algo insignificante para un humano y algo tan devastador como la muerte para el pequeño insecto.

Aunque la gravedad que se le concede a morir no es más que la que se le debería de otorgar a vivir.

Había tantas cosas que no entendía...la indiferencia le fascinaba mientras que la dependencia hacia algo le hacía rehuir de quien se la proporcionaba. Respira. Hace una breve pausa. Intenta calmarse. Su mundo se reinicia, aunque tarda en volver. Recobra la visión, la otra visión de las cosas. La simple, la complicada, la ajena, al fin y al cabo. Sigue sintiendo el vacío de siempre. No. Silencio. Queda alguien en la sala, no consigue ver nada, pero le cogen de la mano. Un cosquilleo insoportable a la par que placentero le recorre todo el cuerpo, vértebra a vértebra. Pronto deja de preocuparse, sus escalofríos no parecen molestar, sabe que no tiembla de frío, sino de alivio, le da miedo tanto bienestar. Sus músculos comienzan a relajarse, pero, no es posible. La huida permanente de todo cuanto le rodeaba estaba llegando a su fin. Ya no sentía asco ni necesidad de cambio, pues había llegado solo, sin buscarlo. Era libre porque sabía que como él, otro también estaba enjaulado. Por fin. Su mente, sus mentes, habían conectado. 

Había hilos, cadenas...pero apenas los notaba ya. El torbellino de pensamientos jamás iba a cesar, formaba parte de él, eso estaba claro, pero podía desquitarse, podía descargar la información en otro, como un pendrive lleno de palabras en un ordenador insaciable. Una guarida, un segundo hogar al que no estaba atado, un silencioso orden mental, un caos parecido al suyo. La búsqueda de algo sin saber el que, la soledad y las ganas de tener ganas. Pero era efímero. La tinta del papel, con unas simples gotas de lluvia, desaparecería, como si nunca hubiera existido, igual que se evaporaría con el fuego o se haría añicos con unas manos dispuestas a romperlo.

El mismo efecto, las mismas consecuencias, y aun así, actos distintos.
Todo depende del filtro con el que se mire.

Como el inocente humano, a su juicio, o el brutal asesino, a través de los ojos de la indefensa hormiga. Como el absurdo loco de siempre, o el cuerdo, tan solo, a través de los ojos de unos pocos.



miércoles, 26 de agosto de 2015

Último sabor a sal.

Arranco las esquinas dobladas,
voy finalizando etapas
a la misma velocidad
con la que me disparan,
intentan disculparse;
tarde,
la bala lo ha cubierto todo de sangre,
no me atrevo a mirar,
los recuerdos se tiñen de rojo,
las palabras se rompen
y el reloj, deja de sonar.

Son despedidas que manchan paredes,
muertes que dan vida,
quebraderos de cabeza
que nunca logro descifrar,
suicidios involuntarios que no cesan,
que destruyen y que me aprietan.

Es un murmullo constante,
una falta diaria
para la cual, hoy, tampoco hallo rescate,
y grito, sola,
como deseando arrancarme de la piel
todo este acumulado desastre.

Porque no quiero que ninguna voz
me sirva de guía en el camino,
ni que nadie me de paz, calma
en forma de falsos latidos.

No llamaré
a ningún cuerpo destino,
no crearé dependencia
ni adoptaré rutinas por vicio,
se trata de andar sin horario fijo,
sin ataduras,
sin prejuicios.

No quiero que otro
ponga fin a mi vacío
ni que me hable de conformismo,
no sabéis nada de lealtad,
seguís cortando vuestros hilos
para añadir cadenas a los demás
y no os da miedo
llamarlo libertad.

No pretendáis
entender la pena en plena carcajada,
es tan ridículo
como querer abrazar el agua,
ni siquiera conseguís darme lástima,
odio vuestro ruido,
casi tanto,
como la ausencia de ganas.



domingo, 9 de agosto de 2015

Bajo tierra.



Creía que el mar curaba, pero todo depende de hasta dónde dejas tú que te cubra el agua. Y de si intentas perder la noción del tiempo en el fondo o encontrarte en él.

Necesito salir de mí para llegar a estar en algún sitio. Necesito irme. Del todo. Sin dejar que nada me ate, sin nada que me incite a volver o a quedarme. Estoy buscando una luz que me vacíe, una que recubra todos mis huecos, una que me permita llenarme justo en el momento en el que me destruya, algo imposible dentro de esta antigua cueva, dentro de lo que una vez me apagó, dentro de este torbellino de malos momentos que se intentan refugiar en la verdad de unos labios que nunca fueron sinceros. Nunca quise eliminar mi locura, mi desgana, ni mi incertidumbre. Creía que necesitaba tu sol, tu calor... pero no. No estoy en la superficie y se me olvida. Soy raíz y nadie va a desenterrarme aunque lo pida.

Solo yo sé quien fue la tormenta que me caló bajo tierra, a la que grité mil veces que se quedara, hasta perder la voz, hasta perder las fuerzas. Y no, no fue suficiente. Soy de piedra e intentan derribarme con arena. Tú fuiste el único que desmontó pieza a pieza todo este muro inútil. Quien llamó a la puerta, y, lejos de encerrarme, la dejó entreabierta para que saliera. Quien me ayudó a salvarme a pesar de saber que al despedirse, iba a volver a ser quien era.

Desde aquí se ve todo peor, más feo, más falso. Se ve tal y como es. Me afecta lo ajeno tanto como lo personal pero no pienso hablar de ello. Me lo guardo, no veréis mi daño. Demasiado aire tóxico tragado, caricias que ni siquiera me han tocado, lágrimas que nadie escucha. Al final marionetas. De sus cuerpos, de sus mentes, de su forma de ver la vida. Ni se plantean la libertad. No ven sus hilos. Parecen anestesiados. No sienten. Incluso parecen más devotos con las decepciones, como quien desea el milagro y a pesar de no llegar sigue y sigue esperándolo. Pero de qué sirve creer en algo si no es en uno mismo...

Me da pánico que no haya tijeras que nos liberen. Que me liberen. Que la marea nos lleve a todos al mismo lugar y que esto sea un ciclo incurable sin posibilidad de mejora. Y veo como se van arrebatando vidas. Veo que nadie se alarma ante tanta injusticia.

Ay si todos tuviéramos como meta curar este podrido mundo, si nos importaran los demás como nos importa tener los bolsillos llenos. Si entendiéramos que nuestra sangre es igual a la de cualquier otro ser que de este mundo forma parte.

Maldigo nuestra enfermedad. Maldigo esta plaga. Nuestra especie. Trozos de papel que nos vuelven locos. Imbéciles.

Aún no sé como lidiar conmigo misma y con todo el desastre camuflado de cotidianidad que se vive día a día ahí arriba. Yo sigo enterrada. Sigo en contacto con la tierra. Sigo luchando por ver la luz. Por ofrecerla. Por darla. Por cambiar esto aunque me quede estancada, aunque el viento me obligue a cambiar de dirección, aunque al final, de mi, ya no quede nada.



martes, 28 de julio de 2015

Ajustes.



Mapa y a la vez bosque,
por eso me pierdo.

Al final todo se reduce
a vivir sin saber
que lo estás haciendo,
seguir descalza el camino,
y quemar, ver arder
fantasmas y miedos,
aguantar la nostalgia del mar
como la aguanta el pez
mientras nada y se choca
con las paredes de cristal,
realidad impuesta por otro ser.

Para.
No he pedido ayuda.
No quiero dejarme ver.

Y qué sabrán los años
de verme crecer,
los espejos
de mi interior,
las ganas
de necesitar irse,
las palabras
de mis actos,
y el dolor
de cuánto te quise.

Míranos,
ahora estamos hechos
de frágiles momentos,
matamos la oportunidad
como quien deja escapar
arena entre las manos
y no contentos con eso
ahogamos los recuerdos
en otros cuerpos y vasos.

Mírales,
parecen gotas de agua,
nadie diferente respirando,
compran y venden caricias,
se creen dueños de otros,
ponen nombre y etiquetan
las propias y ajenas relaciones,
normal que con tanta codicia,
falten emociones.

Basta ya
de hacer lo que se supone
que debemos hacer,
así nunca cambiará nada
y mejor dejarse llevar
que esperar algo
que va en dirección contraria.



domingo, 26 de julio de 2015

Escenas eliminadas. O no.



Otro reloj de arena que se consume, otra noche en la que observo las adicciones comunes y me entra el pánico. Siento miedo por saber con certeza que lo único eterno en mí será esto, lo único que podré utilizar a mi favor, y que, paradójicamente, jamás conseguirá salvarme, sino terminar de ahogarme. Mis idas y venidas acaban esparcidas en cualquier papel que uso como falso salvavidas. Las palabras son el hilo, y la vida, mi propia red suicida.

Me enfrento a lo que soy. Lucho conmigo misma. Ya van más de tres asaltos y todos mis fantasmas parecen inagotables. Todo lo que construyo lo derribo al intentar protegerlo para que nadie lo destroce. Supongo que los muros se van alzando por precaución y cuando quieres demolerlos ya es demasiado tarde como para volver al principio.

Una revolución iniciada con el objetivo de mejorarlo todo y, contrariamente, acabar en pedazos tan pequeños de nada, que lejos de la meta a lograr, todo va a peor. Pero  sabes que peleaste hasta el último aliento y esa es la única manera que se conoce de no arrepentirse jamás de lo llevado a cabo en su momento. Antes de comenzarla estabas en la zona de confort, importaba menos todo lo que importa más ahora, eras libre en la ignorancia de estar atado a algo. A veces echo de menos no ser consciente de lo que nos oprime.

Pero sigo despierta. Los recuerdos llenos de polvo vuelven a respirar, las heridas se descosen a un ritmo que le haría estremecerse a cualquiera y todo salta por los aires tras creer, ciegamente de nuevo y en vano, que todo estaba bajo llave y enterrado. Celebrar las victorias antes de tiempo siempre ha sido muy humano, sobretodo cuando no sabes ni por qué empezaste esta guerra.

Odio escribir sobre labios que deberían estar rozando otros cuyo nivel de felicidad está muy por debajo de la media, estadística de estadísticas erróneas, hechas por los mismos seres que te causan esa incertidumbre cada día.

Detesto escribir sobre vagar buscando un lugar en el que quedarme por la estúpida idea de querer hacerlo. Intento pensar que es por inercia, pero a pesar de necesitar desconocerme, mi mente me recuerda que no puedo hacerlo. Aún no. Primero tengo que ser capaz de conocerme tanto que sepa la siguiente palabra que escogeré para poder por fin dejarlo.

A veces tengo tanta verdad entre las manos que incluso la coherencia se acobarda ante tanta evidencia, y noto como el aire lejos de ayudarme, se acelera en mi contra y me desequilibra. Porque persigo algo que sé por adelantado que jamás rozaré. Voy lo más veloz que puedo he intento alcanzarlo con la punta de los dedos. Entre derrota y derrota dejo escapar a quien me dejaría quedarme tras explicarme, con la mayor comprensión que alguien puede darme, que realmente lo que hago es huir. No del mundo, sino de mi.

De un montón de imperfecciones, nervios, desilusiones, manías, murmullos, espejos, desgastes, razones, silencios que me calman y gritos que me recomponen cuando no me acuerdo del pasado ni de todo lo que en su día consiguió curarme.

Necesito escribir sobre cosas más simples, necesito dejar de manchar de complicado lo fácil, necesito volver al principio y entender que realmente nunca empezó nada de lo que ahora intento recordar. Es como desmontar una cinta cinematográfica escena por escena hacia atrás y ver como se desvanece todo al ver a los actores leyendo el guión y descubrir entonces la falsa comodidad que produce la ficción.

Me da miedo que la gente siga intentando hacerme creer que están vivos cuando solo interpretan un papel con el fin de estrenar lo antes posible su película. Y me veo en la escena final, haciendo lo que debí hacer antes de comenzar el rodaje.

Y otra vez, todo se repite.


domingo, 19 de julio de 2015

Triunfos y derrotas.



Volví a sentir cómo la tormenta de nieve
terminaba bruscamente,
noté el ruido que precedió
al silencioso paro del tiempo
y dejé de esperar.

Corrí para perder de vista
todos mis miedos anteriores,
pero algunos me alcanzaron
y se hicieron más fuertes
al fundirse de golpe con los nuevos.

Lo mismo pero diferente,
la misma historia de siempre.

Estaba en medio de la lluvia
y entre todo ese desierto de caos
la humedad pasó de jugar con las aceras
a llenar de realidad
mis olvidadas ideas.

Los rayos del sol
intentaban cambiarme el color de la piel,
y casi sin pretenderlo,
como quien lanza
y acierta de lleno en una diana,
consiguieron evaporarme del todo,
incluso las ganas.

No es fácil desprenderse del idilio
y menos aun dejar de quererlo,
pero esta vez huir no es dejar atrás
sino mirar hacia delante,
algo deseable
o simplemente inevitable.

Que si quedarse es la derrota,
todo este tiempo
te he estado pidiendo que perdieras,
y quizá por eso y por ella
decidiste adelantarme.


Al alejarse de mí
todo el mundo gana
(y empiezo a pensar que yo también).



martes, 14 de julio de 2015

Romper en caso de incendio.



Los violines aprietan sus cuerdas cada vez que la sienten respirar, el mar rompe los muros impuestos por, a sus ojos, seres que no comprenden nada, las gotas parecen acariciarla, los árboles la ayudan y le dan tregua al pisar la hierba, se envuelve entre los pequeños detalles, le escuece el dolor cuando no puede ser expresado, y pasa, ajena a los torbellinos que levanta, ella pasa.


Como pleno agosto invadido por una tormenta fría, plagado de insectos que van comiendo y royendo lo poco que queda de calor, como un niño al entender que todo acaba: llora. Llora por no querer formar parte de lo inevitable, y salta en sus propios charcos, los seca, intenta sanar los ajenos pero en vano, vuelve a inundarse. Grita y se deja deshacer entre tanto ruido, empieza a sonar lejana la canción que le calma el alma, la radio destartalada en esa mesilla, olvidada tras la guerra, desgastada por las balas de las horas. Afina el oído y suena como riéndose, con una mueca sabia a la par que ignorante, dando paz, dándole las notas adecuadas para volver a sentir la necesidad de seguir luchando. Exprime la marea que le cala los huesos, la que siempre ha hecho que llegase tarde, y sin dudar, como algo instintivo, como si de nacer se tratase, llena los pulmones de aire, sube el volumen de sus latidos y se deja llevar...


Empieza de nuevo, intentando atrapar pompas de jabón, siendo consciente de tal imposibilidad y de la importancia de ésta para seguir, seguir y seguir intentándolo, como una excusa, como la gravedad manteniéndonos en el suelo y nosotros tomándola como desafío, motivación y oportunidad para salir al espacio. Y comienza a dibujar sueños en el aire, se divierte entre miradas, divaga en las esquinas de las manos de quien pasa las páginas de un libro, está presente en esa caja de recuerdos repleta de vacío, entre los dientes de quien acostumbra a reír por dentro, naufraga por los rincones de las mentes que tienen tantas hogueras de ideas que el blanco del papel les parece más caos que su propio desastre. Fuego que jamás acabará, pues se alimenta día tras día, batalla tras batalla, caída tras caída. Y arde, se prende como las ciudades, demostrando que todas, en su subsuelo, llevan entre las raíces la frase "romper en caso de incendio".

Y pasa. Ella pasa.


Los círculos irritantes que pueblan las aceras tienden a asustarla. Los observa en silencio, callada. Van enfrascados en su lista de cosas por hacer hoy, y mañana...todos apuntan rutina, desgana, obligación, vacío, destrucción...pero nunca disparan. Les falta un solo fin por confirmar, una cruz que haga evidente "que ya está hecho". Y de vivir...de eso nadie se acuerda. Creen que sorprenderse es encontrar un trozo de papel, ese que puede llegar hasta el color lila y hasta el número quinientos en solitario, encontrarlo tras meter la mano dentro de esos vaqueros desgastados, los que según el cambio de estación y el paso del tiempo van quedándose en el fondo del armario, cada año más rotos y con menos valor.


Toma aire. Desfrunce el ceño y ahora, totalmente plena, afirma sin miedo a fallar, que se arrepentirán. Se arrepentirán de confundir el propósito de alguien con el suyo propio, de no haber volado antes de ver por primera y última vez a la muerte mientras les arrebata las alas que no usaron. Jamás entenderán las arrugas, lo irremediable, el "espera" que acontece a un "ceda el paso", las piedras en el camino que nos hacen andar, el olor a eterno tras pintar una habitación con algún color al azar.

Pobres...al final solo les quedarán unas camisas, un par de relojes envueltos en papel de regalo, flores de cartón en las paredes a modo de espejo, tropiezos sin aprovechar, cajas de condones repletas de sábanas a nombre de uno y cerradas con el frío permanente que da la soledad en la cama los domingos de resaca, maquillaje que cubrió sus caras pero no el vacío de su ser, silencios sin apreciar, segundos perdidos por no saber aprovechar...


Cambiarán sus objetivos cuando ya no puedan moverse, cuando al unir los puntos no haya marcha atrás, cuando comprendan que lo suyo no fue existencia, sino un funeral de colores, un falso placebo, un simulacro de muerte que entendían como vida.

Persiguen un espejismo en el desierto, se dejan la piel para llegar y no, no hay mar, solo tú dejándolo todo pasar.

Y pasa, ella pasa, y en menos de lo que se atrapa una pompa de jabón, ella, simplemente, los deja, nos deja, se desvanece y explota.


jueves, 2 de julio de 2015

Hablan de eternidad y ni te conocen.



Después de tantos
falsos agostos,
cuando escucho un: "cambiaré"
me río por dentro,
es una de las mayores mentiras
que me han dicho
-y que me he dicho-.

Pero no.
Que vea cómo matan a alguien
no quiere decir que me guste la sangre
ni que me convierta en asesino o verdugo.
Al revés, empiezas a odiarles.
-y más cuando te toca ser víctima-.

Es como ver una serie
doblada en español
y pensar que es un insulto
hacia la original.
Lo mismo me pasa contigo,
todos vienen
con aires de grandeza
y a los tres segundos me doy cuenta
de que nadie consigue ni conseguirá
hacerte justicia.

Al final
entre domingos constantes
y noches en vela
me agarro a las palabras
para intentar comprender mejor
todo lo que pasa,
y supongo que aunque quiera,
no te dejo marchar
porque me hiciste vivir,
y lo que te hace vivir,
no puede morir nunca.



miércoles, 1 de julio de 2015

Liberación.

Más importante que ser libre
es sentirse cómo tal,
igual que respirar
sin acordarte de hacerlo,
que las cosas fluyan
sin que pesen,
dejarnos llevar...

Conectar con los ríos,
la brisa, la tierra,
el sol, las hojas,
el horizonte,
con lo salvaje,
lo que no tiene dueño,
lo que arrastra, tira y pisa,
con todo lo que escapa
a nuestro alcance.

Aprender el sentido de la vida
día a día.

Bailar y convivir
con el paso del tiempo,
fiel a tus ideales,
jugar y ensuciarte,
descansar
y ofrecer tu hueco,
cerrar los ojos
y fundir tus sueños
debajo de la sombra
de los árboles.

O lo que es lo mismo,
aceptar el sinsentido de la vida
y celebrarlo.

Querer los defectos,
las imperfecciones,
lo raro,
diluir
los malos tragos,
levantar la voz
con cada paso
y seguir andando.

Que la lucha queda
si tú la recuerdas,
que la batalla se gana
si encontramos fuerzas.

Y esquivar esas mentes
que intentan guiarnos,
sentir las ganas
en los que ven otra salida,
perder el miedo a equivocarnos
y ganar,
y volar.

Que no necesito
nada material,
de verdad,
os juro
que prefiero lo sincero,
liberar el corazón
es lo único que quiero.



sábado, 27 de junio de 2015

Gracias.

"Las cosas que se van no vuelven nunca,
todo el mundo lo sabe,
y entre el claro gentío de los vientos
es inútil quejarse".
-Federico García Lorca


Por todo lo que me dejaste,
todo lo que te llevaste
y lo que nunca me diste.

Pasadizos ocultos
en las grandes ciudades
que nunca encontramos,
llamadas que andan hacia atrás,
palabras grabadas en mi memoria
que ya no encuentro,
minutos perdidos y arte
que voy ganando
a medida que pasa el tiempo.

A veces busco las migajas
de todo aquello que compartimos
para poder deshacerme de ellas
y estar más ligera,
para saltar más alto,
para volver a ser lo que era
sin necesidad de tanto.

Voy a volver
a ponerme la venda en los ojos,
a juego con mi presente
y desentonando con el tuyo,
a mirar dentro de mí
y a no dejar a nadie entrar,
como si nada hubiera pasado,
como si el calor
derritiera todo en lo que me convertí
después de conocer
la fuerza de tus puntos flacos.

Tengo heridas en el costado
que ya no me cuesta cicatrizar,
se han ido cerrando
con tanto silencio
y sepultando con la presencia
de mi propia voluntad.

Tengo las ganas
a flor de piel,
y he conseguido entender
que nunca
vas a hacer tuya mi guerra,
ni a saber el por qué
de todas mis maneras,
pero me hiciste verte libre,
salvaje, eligiendo volar
y sin ataduras,
algo erróneo al despedirte,
lleno de cadenas y bozales
que parecen ya
no molestarte apenas.

Voy con el paso cambiado,
con una meta diferente
a medida que pasan mis días,
dos libros en cada mano,
melodías entre mis dientes
y con los principios bien afianzados.

Ya no espero cartas
ni nada que te traiga de vuelta,
es más, no las quiero,
volver sería perder
y te juro que prefiero
oler mi lluvia
antes que depender
de tu falso buen tiempo,
será mejor mojarme
y aprender sola
a disfrutar
de todo cuanto me pase.

Voy a soltarme
aun más cuerda,
a enterrar tus hilos,
templar y aceptar mis miedos,
a superarme
en todo lo que pueda
y a encontrar la manera
de arrancarme los nudos
sin que duelan.

Voy a dejarme llevar
con la brisa del viento
que me sopla en la cara,
esa que mueve mi falda
y me hace andar descalza,
a desprenderme
de los malos ratos
y de tu acento entre mis balas.

A cubrirme
de todo lo bueno
que no supe mirar,
a correr rodeada de verde,
a sentir cada nota,
cada verso,
cada ala rota,
a no ser de nadie,
a ser veloz
incluso cuando quiera ir despacio.

No pienso volver a llamar hogar
ni agradecer nada
a quien pudiendo matarme
no lo hizo,
sino a quien me da siempre la vida,
no pienso pensar
ni obedecer ninguna ley
de recuerdos antigua.

Me contaste
que te golpeó la vida
y a pesar de los esfuerzos
no pude hacer nada para pararla,
que quise salvarte
de tus fantasmas
en más de mil intentos,
y no es casualidad que al final
resultaran todos fallidos,
supongo que eso pasa
cuando no se es la indicada,
cuando por más
que intentas y luchas
no puedes cambiar nada.

Que conozco
tus idas y venidas,
tus esquinas
y las gotas que colman
todos tus vasos,
las orillas
donde descansan tus malos días
y esa manía tan tuya
de negar que te salvas,
de no mostrar tus debilidades
ni dejar que nadie te cale.

A los guerreros
les importa más
su propia batalla
que cualquier cosa
que ocurra fuera de ella
y eso no puedo olvidarlo.

Me da igual
que ya nada nos una,
pero espero que tu risa
no acabe nunca de sonar
dentro de sus brazos,
que tendré fuerzas
siempre y cuando me prometas
que a ti
jamás
te van a faltar.

Que quiero que te quieran
a quemarropa o sin ella,
que te quiten el hambre y la sed
y te llenen de ganas
los sueños vacíos,
que te canten al oído
esas canciones
que tanto te gusta oír,
y que te hagan revivir
cuando dudes de ti.

Nos merecemos
coincidir de nuevo
en algún punto del camino,
y verte feliz,
decirte qué tal,
que cómo te ha ido,
sonreír porque sí
y alegrarnos siempre
por habernos conocido.