sábado, 2 de diciembre de 2017

Trance, vómito y materia.




Sentí las garras acumuladas en mi garganta cuando al apaciguar sin pretenderlo el murmullo, treparon y pude escucharlas. Me contaron que querían esperar hasta que el silencio hubiera inundado por completo la sala. Entonces comenzó, como quien con elegancia su turno aguarda: la magia, el hacerme polvo siendo humana, el destierro del ruido que no sabía que portaba. Así, sola, conmigo, a las tres de la mañana.

Obedecí, pues estaba anestesiada, con la premisa introspectiva y flotando, a la vez, en otra galaxia lejana. Creo que tartamudeaba, que se me precipitaban a golpes las palabras, siguiendo un ritmo ensordecedor, imperturbable, naciendo en mis ojos y evaporándose sobre mi propia carne.

Me vacié estudiándome, fui abriendo minuciosamente cada una de mis capas, separándolas, clasificándolas. Hurgándome hice trizas los átomos de roca esparcidos por mi sangre, aquellos que desde antaño nadaban libres corrompiendo la ligereza e inocencia de mis emociones. Los vi huir, esconderse, refugiarse como insectos en la penumbra buscando a sus madres, protegiéndose de la luz acechante...Metáfora de mi cuerpo triste y cobarde retorciéndose mientras mi mente trataba de alumbrar la verdad innegable.

Os miré, seguíais hablándome, componiendo simultáneamente la sinfonía del yo presente. Lamenté los errores, no per se, pero sí por el daño incontrolable que ejercí hacia lo ajeno sin ser nunca consciente. No me reconocía, yo no era así, yo no era esa. Sentí entonces a mi corazón perdonándome, sincero y, me estremecí, pues supe que al menos esta vez no estaba mintiéndome.

(Yo no era esa, yo quise, tenía razón).

Cogí aire, no quería solo recorrerme, buscaba respuesta al dolor que hoy acontece. Debí abrazar para ello puntos estratégicos, sollozantes...Así avancé hasta el final, encontrándome con ruinas desgastadas que no pude detonar porque me constituyen, con surcos producidos por mi no-movimiento constante, peso estancado en las mismas aguas, balanceándose al son de la misma corriente. Entendí que era como morir ahogándome atrapada en mis propias fauces, pues soy serpiente que tras desprenderse de su antigua piel intenta volver a introducirse en ella:

"desecha todo aquello que una vez te desechó a ti, déjate ir, pues el futuro es un millar de hilos pero el pasado es un tejido que nunca puede ser rehecho",
-seguís recordándome-.

Llevo más de veinte minutos llorando y me acunáis con el mismo cuento de siempre. Vuelvo en mí y os prometo, exhausta, que voy a intentar dormirme.



lunes, 1 de mayo de 2017

Respirar.


Me miras extraña pero sin señalarme,
guardas acertijos indescifrables
que yo también conozco, que he vivido.
Te muestras compasiva:
hemos paseado ya por estas calles.

Desde el interior me configuro,
reubico el mobiliario,
modifico el color de los cuadros,
finjo que cambiar es solo eso...
te echas a reír,
mentirnos nunca ha funcionado.

Invento un nuevo cosmos que nos salva,
que nos acerca el alma a ambas,
que desarticula la maraña de maldad globalizada,
la opulencia, la hipocresía,
los moldes de esta fábrica.

Recalculo las consecuencias
de no encontrar el amor propio
y me investigo, y me abrazo,
y yo sola me respondo.

Rara vez obtengo positivo el resultado,
mas ya no me culpo,
consciente de que
en el proceso de dejar de hacerme daño
soy como la niña que da sus primeros pasos:

Lo intento, me caigo, lo intento, me caigo,
lo intento, ando, me caigo...

Tú sacas la lengua, haces muecas,
te muerdes la uñas,
me dejas verte impaciente,
deseosa de vivir el tiempo que nos queda,
esperando, leyendo subtítulos pasados,
previsora de mis actos...
"ojalá, pequeña, que hayas aprendido algo".

Y me susurras,
me preguntas por los sueños primitivos,
por las galaxias rebosantes de vida,
esas, dime...¿siguen estando?
la imaginación creativa,
la fidelidad a pesar del engaño.

Me pongo delante del espejo,
hoy no me miras extraña...
se repetirán los días oscuros
así como aquellos que con su luz
nos dejan cegados,
y entonces no seré yo,
y entonces seguiré siendo la misma,
ese es el círculo, ese es el regalo.



miércoles, 12 de abril de 2017

Numen.



No escribo de divinidades
ni del saber de sus hazañas.

No escribo de sus guerras internas,
de su constante cambio, metamorfosis,
de su querer ni de sus églogas.

No escribo de la calma,
de su paz, del cese del terremoto
ni del alivio de la carga,
de su capacidad para aniquilar lo corriente,
aire fresco revolucionando horas oxidadas.

Brillo que potencia mi luz
y que respeta cualquier atisbo de sombra...
gracias.

De esa libertad no escribo, no podría,
pues no es meramente literaria.

No escribo porque sería desvirtuarte,
dibujar usando un calco,
matar la praxis.

Qué mediocres los que piensan que idealizo,
los que dan por hecho lo tóxico, el hambre,
como si lo que cura no pudiera darse,
ser verdad.

Qué pobre yo, antaño,
por aceptar y ver bien lo contrario,
convivir solo con oscuridad.

No escribo porque tu esencia se diluiría,
se mancharía tu realidad...
y sin embargo lo hago,
torpemente,
como quien aún no ha aprendido a hablar.

No escribo de divinidades porque puedo tocarte,
no te escribo porque solo tú te perteneces,
porque eres real.



domingo, 22 de enero de 2017

Vortex.



Y yo que pensaba que ahora,
a estas alturas de nada,
los universos soñados, las galaxias,
los pasos, entonces futuros,
pensados solo para jamás darlos
en aquel presente absoluto...
los rostros, conjuros, realidades de antaño...
quizá por fin todo estaría más claro,
despojado de ruido y tantos muros,
ataraxia...

Mente atada miente,
se retuerce, no puedes controlarla.

Y yo...qué pensaba.

En cierto sentido es cierto:
el huracán mueve cementerios,
arrasa, arrastra y crea caos.
Difícil llegar a su centro
si al hacerlo te cambia de sitio,
si te empuja a seguir en movimiento...
qué aburrido si no
eso de llegar sin atravesar la vorágine,
sin tener que intentar e intentarlo de nuevo,
porque sabes que al conseguirlo
te espera tu paz,
porque al fin y al cabo es tu juego,
tú eres el viaje.

Y creces y eres cada vez más tú mismo,
fluyes, te transformas...
no te alejas, te acercas a tu esencia,
aunque el torbellino que generas
no te deje apenas verla.

Nadas entre lagos
de ambos hemisferios,
los abrazas, te abrazas,
afloran ideas...
tu luz parpadea,
ya no notas la diferencia,

porque te quieres,
porque te aceptas.

[...]