Sentí las garras acumuladas en mi garganta cuando al apaciguar sin pretenderlo el murmullo, treparon y pude escucharlas. Me contaron que querían esperar hasta que el silencio hubiera inundado por completo la sala. Entonces comenzó, como quien con elegancia su turno aguarda: la magia, el hacerme polvo siendo humana, el destierro del ruido que no sabía que portaba. Así, sola, conmigo, a las tres de la mañana.
Obedecí, pues estaba anestesiada, con la premisa introspectiva y flotando, a la vez, en otra galaxia lejana. Creo que tartamudeaba, que se me precipitaban a golpes las palabras, siguiendo un ritmo ensordecedor, imperturbable, naciendo en mis ojos y evaporándose sobre mi propia carne.
Me vacié estudiándome, fui abriendo minuciosamente cada una de mis capas, separándolas, clasificándolas. Hurgándome hice trizas los átomos de roca esparcidos por mi sangre, aquellos que desde antaño nadaban libres corrompiendo la ligereza e inocencia de mis emociones. Los vi huir, esconderse, refugiarse como insectos en la penumbra buscando a sus madres, protegiéndose de la luz acechante...Metáfora de mi cuerpo triste y cobarde retorciéndose mientras mi mente trataba de alumbrar la verdad innegable.
Os miré, seguíais hablándome, componiendo simultáneamente la sinfonía del yo presente. Lamenté los errores, no per se, pero sí por el daño incontrolable que ejercí hacia lo ajeno sin ser nunca consciente. No me reconocía, yo no era así, yo no era esa. Sentí entonces a mi corazón perdonándome, sincero y, me estremecí, pues supe que al menos esta vez no estaba mintiéndome.
(Yo no era esa, yo quise, tenía razón).
Cogí aire, no quería solo recorrerme, buscaba respuesta al dolor que hoy acontece. Debí abrazar para ello puntos estratégicos, sollozantes...Así avancé hasta el final, encontrándome con ruinas desgastadas que no pude detonar porque me constituyen, con surcos producidos por mi no-movimiento constante, peso estancado en las mismas aguas, balanceándose al son de la misma corriente. Entendí que era como morir ahogándome atrapada en mis propias fauces, pues soy serpiente que tras desprenderse de su antigua piel intenta volver a introducirse en ella:
"desecha todo aquello que una vez te desechó a ti, déjate ir, pues el futuro es un millar de hilos pero el pasado es un tejido que nunca puede ser rehecho",
-seguís recordándome-.
-seguís recordándome-.
Llevo más de veinte minutos llorando y me acunáis con el mismo cuento de siempre. Vuelvo en mí y os prometo, exhausta, que voy a intentar dormirme.
