"Las
cosas que se van no vuelven nunca,
todo el
mundo lo sabe,
y entre el
claro gentío de los vientos
es inútil
quejarse".
-Federico García Lorca
Por todo lo que me dejaste,
todo lo que te llevaste
y lo que nunca me diste.
Pasadizos ocultos
en las grandes ciudades
que nunca encontramos,
llamadas que andan hacia atrás,
palabras grabadas en mi memoria
que ya no encuentro,
minutos perdidos y arte
que voy ganando
a medida que pasa el tiempo.
A veces busco las migajas
de todo aquello que compartimos
para poder deshacerme de ellas
y estar más ligera,
para saltar más alto,
para volver a ser lo que era
sin necesidad de tanto.
Voy a volver
a ponerme la venda en los ojos,
a juego con mi presente
y desentonando con el tuyo,
a mirar dentro de mí
y a no dejar a nadie entrar,
como si nada hubiera pasado,
como si el calor
derritiera todo en lo que me convertí
después de conocer
la fuerza de tus puntos flacos.
Tengo heridas en el costado
que ya no me cuesta cicatrizar,
se han ido cerrando
con tanto silencio
y sepultando con la presencia
de mi propia voluntad.
Tengo las ganas
a flor de piel,
y he conseguido entender
que nunca
vas a hacer tuya mi guerra,
ni a saber el por qué
de todas mis maneras,
pero me hiciste verte libre,
salvaje, eligiendo volar
y sin ataduras,
algo erróneo al despedirte,
lleno de cadenas y bozales
que parecen ya
no molestarte apenas.
Voy con el paso cambiado,
con una meta diferente
a medida que pasan mis días,
dos libros en cada mano,
melodías entre mis dientes
y con los principios bien afianzados.
Ya no espero cartas
ni nada que te traiga de vuelta,
es más, no las quiero,
volver sería perder
y te juro que prefiero
oler mi lluvia
antes que depender
de tu falso buen tiempo,
será mejor mojarme
y aprender sola
a disfrutar
de todo cuanto me pase.
Voy a soltarme
aun más cuerda,
a enterrar tus hilos,
templar y aceptar mis miedos,
a superarme
en todo lo que pueda
y a encontrar la manera
de arrancarme los nudos
sin que duelan.
Voy a dejarme llevar
con la brisa del viento
que me sopla en la cara,
esa que mueve mi falda
y me hace andar descalza,
a desprenderme
de los malos ratos
y de tu acento entre mis balas.
A cubrirme
de todo lo bueno
que no supe mirar,
a correr rodeada de verde,
a sentir cada nota,
cada verso,
cada ala rota,
a no ser de nadie,
a ser veloz
incluso cuando quiera ir despacio.
No pienso volver a llamar hogar
ni agradecer nada
a quien pudiendo matarme
no lo hizo,
sino a quien me da siempre la vida,
no pienso pensar
ni obedecer ninguna ley
de recuerdos antigua.
Me contaste
que te golpeó la vida
y a pesar de los esfuerzos
no pude hacer nada para pararla,
que quise salvarte
de tus fantasmas
en más de mil intentos,
y no es casualidad que al final
resultaran todos fallidos,
supongo que eso pasa
cuando no se es la indicada,
cuando por más
que intentas y luchas
no puedes cambiar nada.
Que conozco
tus idas y venidas,
tus esquinas
y las gotas que colman
todos tus vasos,
las orillas
donde descansan tus malos días
donde descansan tus malos días
y esa manía tan tuya
de negar que te salvas,
de no mostrar tus debilidades
ni dejar que nadie te cale.
A los guerreros
les importa más
su propia batalla
que cualquier cosa
que ocurra fuera de ella
y eso no puedo olvidarlo.
Me da igual
que ya nada nos una,
pero espero que tu risa
no acabe nunca de sonar
dentro de sus brazos,
que tendré fuerzas
siempre y cuando me prometas
que a ti
jamás
te van a faltar.
Que quiero que te quieran
a quemarropa o sin ella,
que te quiten el hambre y la sed
y te llenen de ganas
los sueños vacíos,
que te canten al oído
esas canciones
que tanto te gusta oír,
y que te hagan revivir
cuando dudes de ti.
Nos merecemos
coincidir de nuevo
en algún punto del camino,
y verte feliz,
decirte qué tal,
que cómo te ha ido,
sonreír porque sí
y alegrarnos siempre
por habernos conocido.