sábado, 27 de junio de 2015

Gracias.

"Las cosas que se van no vuelven nunca,
todo el mundo lo sabe,
y entre el claro gentío de los vientos
es inútil quejarse".
-Federico García Lorca


Por todo lo que me dejaste,
todo lo que te llevaste
y lo que nunca me diste.

Pasadizos ocultos
en las grandes ciudades
que nunca encontramos,
llamadas que andan hacia atrás,
palabras grabadas en mi memoria
que ya no encuentro,
minutos perdidos y arte
que voy ganando
a medida que pasa el tiempo.

A veces busco las migajas
de todo aquello que compartimos
para poder deshacerme de ellas
y estar más ligera,
para saltar más alto,
para volver a ser lo que era
sin necesidad de tanto.

Voy a volver
a ponerme la venda en los ojos,
a juego con mi presente
y desentonando con el tuyo,
a mirar dentro de mí
y a no dejar a nadie entrar,
como si nada hubiera pasado,
como si el calor
derritiera todo en lo que me convertí
después de conocer
la fuerza de tus puntos flacos.

Tengo heridas en el costado
que ya no me cuesta cicatrizar,
se han ido cerrando
con tanto silencio
y sepultando con la presencia
de mi propia voluntad.

Tengo las ganas
a flor de piel,
y he conseguido entender
que nunca
vas a hacer tuya mi guerra,
ni a saber el por qué
de todas mis maneras,
pero me hiciste verte libre,
salvaje, eligiendo volar
y sin ataduras,
algo erróneo al despedirte,
lleno de cadenas y bozales
que parecen ya
no molestarte apenas.

Voy con el paso cambiado,
con una meta diferente
a medida que pasan mis días,
dos libros en cada mano,
melodías entre mis dientes
y con los principios bien afianzados.

Ya no espero cartas
ni nada que te traiga de vuelta,
es más, no las quiero,
volver sería perder
y te juro que prefiero
oler mi lluvia
antes que depender
de tu falso buen tiempo,
será mejor mojarme
y aprender sola
a disfrutar
de todo cuanto me pase.

Voy a soltarme
aun más cuerda,
a enterrar tus hilos,
templar y aceptar mis miedos,
a superarme
en todo lo que pueda
y a encontrar la manera
de arrancarme los nudos
sin que duelan.

Voy a dejarme llevar
con la brisa del viento
que me sopla en la cara,
esa que mueve mi falda
y me hace andar descalza,
a desprenderme
de los malos ratos
y de tu acento entre mis balas.

A cubrirme
de todo lo bueno
que no supe mirar,
a correr rodeada de verde,
a sentir cada nota,
cada verso,
cada ala rota,
a no ser de nadie,
a ser veloz
incluso cuando quiera ir despacio.

No pienso volver a llamar hogar
ni agradecer nada
a quien pudiendo matarme
no lo hizo,
sino a quien me da siempre la vida,
no pienso pensar
ni obedecer ninguna ley
de recuerdos antigua.

Me contaste
que te golpeó la vida
y a pesar de los esfuerzos
no pude hacer nada para pararla,
que quise salvarte
de tus fantasmas
en más de mil intentos,
y no es casualidad que al final
resultaran todos fallidos,
supongo que eso pasa
cuando no se es la indicada,
cuando por más
que intentas y luchas
no puedes cambiar nada.

Que conozco
tus idas y venidas,
tus esquinas
y las gotas que colman
todos tus vasos,
las orillas
donde descansan tus malos días
y esa manía tan tuya
de negar que te salvas,
de no mostrar tus debilidades
ni dejar que nadie te cale.

A los guerreros
les importa más
su propia batalla
que cualquier cosa
que ocurra fuera de ella
y eso no puedo olvidarlo.

Me da igual
que ya nada nos una,
pero espero que tu risa
no acabe nunca de sonar
dentro de sus brazos,
que tendré fuerzas
siempre y cuando me prometas
que a ti
jamás
te van a faltar.

Que quiero que te quieran
a quemarropa o sin ella,
que te quiten el hambre y la sed
y te llenen de ganas
los sueños vacíos,
que te canten al oído
esas canciones
que tanto te gusta oír,
y que te hagan revivir
cuando dudes de ti.

Nos merecemos
coincidir de nuevo
en algún punto del camino,
y verte feliz,
decirte qué tal,
que cómo te ha ido,
sonreír porque sí
y alegrarnos siempre
por habernos conocido.



lunes, 22 de junio de 2015

Que nos lleve la marea.

Como pez
fuera del agua,
que empieza a odiarlo todo
mientras que por más
que exprime sus fuerzas
para poder respirar
no le queda más remedio
que ver
como se consume el tiempo
y agonizar
mientras vive muriendo.

Pero lo devuelven al mar,
y él,
iluso, al día siguiente
vuelve a confiar,
vuelve por esas rocas
y de nuevo
le hacen ascender
fuera de esa manta cristalina
en la que vive.

Después de varios minutos
que le parecen años,
consigue recobrar la respiración
tras ser sumergido
de vuelta en el lino azul,
y comienza a nadar lejos,
más lejos que nunca,
tratando de huir
de esas manos
que le hacen pensar
que está acabado,
que no podrá ver más
el reflejo del sol,
ni oír el romper de las olas,
ni sentirse libre
mientras baila con la marea.

La vida,
siempre nos pondrá
al borde de nuestras posibilidades
pero jamás
nos permitirá caer al abismo,
estaremos
casi a punto de rendirnos,
y cuando nos falten segundos
para tirar la toalla,
ella nos devolverá al mar.

Nos hará creer que no,
pero somos capaces de aguantar
todo lo que nos propongamos,
y recordaremos
esa falta de aire
todos los días,
para que al nadar
seamos cautos
y empecemos a surcar
nuevas aguas más profundas,
y a la vez nos dejaremos llevar,
dando paso a nuevas experiencias,
cambios, logros, momentos
e historias que contar.


viernes, 12 de junio de 2015

Para volver a querer.

La veo a medio camino,
su madre al otro lado, ella relajada,
oliendo las flores lilas
y mirando intrigada
mientras le ciega la luz del sol,
pero no se cubre la cara,
simplemente disfruta del calor.

Está mirando una mariposa
y al verla volar
se sorprende e intriga a partes iguales,
la mira con deseo
sin saber que ella también

puede levantar el vuelo
y hacer el mundo algo más pequeño.

Y ve la vida
sin la muerte,
las rosas sin espinas,
tiene ausencia
de heridas y fracasos
y más de mil sonrisas
guardadas entre los días
de sus pocos años.

Y baila, baila
y sigue bailando,
porque no le pesa
el paso del tiempo,
porque desconoce la rutina
y los engaños,
porque sueña
sin esfuerzo,
porque hace música
con cada paso
y vida
con cada sincero
gesto de inocencia,
porque está viva,
por fuera
y por dentro,
porque disfruta del caminar
y su filosofía,
su única arma letal,
es la que le otorga
la capacidad
de imaginar.

Y sigue bailando,
hablando con el viento,
susurrándole a los pájaros,
disfrutando de lo que ve
porque lo mira con sus ojos
y no hay nadie
que la intente convencer
de que existe
algún otro modo.

Ya podría reírse a carcajadas
de todos nosotros,
cachondearse de lo inútiles

que debemos parecer
metidos en nuestras burbujas

llenas de odio
que nos ciegan al ver.

Podría ser ella la que nos enseñase
a sentir la libertad,
las ganas de descubrir y la ilusión
por cualquiera de los momentos
que vienen ligados a cada estación,
la grandeza de cada diminuto ser
y lo prescindible que resulta todo
cuando te das cuenta

de que las necesidades
no son más que espejismos,
como La Tierra disfrazada de calma
entre tantos seísmos.

Y yo vuelvo
a ser esa niña
cada vez
que quiero alejarme
del mundo,
cada vez que la tinta
impregna el papel
y solo necesito
que me inunde la calma
para volver a querer.



sábado, 6 de junio de 2015

Mi propia odisea.

Aún
no hemos saltado del avión
y ya nos quejamos del agua
que vamos a tener
que nadar.

Corro andando
y suelo llegar tarde
a la mayoría de los atajos
pero prefiero
camino correcto
a pasos en falso.

Las cosas pequeñas
han pasado
a ser minúsculas
y las lupas
a veces, me sobran,
los ojos miran
pero no terminan de ver,
todo se queda quieto
excepto nuestro tiempo,
y la gente se limita
a inmortalizar
el momento.

Les va la vida en ello.
Literalmente.

Será mi frío
contra todo este calor,
me derretiré
y aceptaré la temperatura,
querré nieve constantemente
pero sé
que el blanco
no dura para siempre
y que combinará
con todos los matices
de vida
que quieran sentir con él
toda esta locura.

Estar lejos de ellos
sin llegar a perderme,
oyendo
todo cuánto ocurre,
saber curarme antes
de sentir la herida
y tomar precauciones
cuando alguien
me pregunte
por mi inexistente
y congelada huida.

No quiero querer
ni poder,
simplemente
llevarlo a cabo
porque ahora
es lo que tengo que hacer
y no hay tiempo
para elaborar
teorías existenciales
tan solo ser hielo
que cae,
que desaparece
entre todos los recuerdos,
que se queda
en las esquinas sin punta
en las habitaciones
sin paredes
y me hace
tocar el techo
de este mundo que nunca
voy a entender como mío.

Estoy deshecha
para mí
y esa es la mejor forma
de estar sin pretenderlo,
sabiéndome completa
aun viendo huecos,
y rechazando
cualquier recorte de más
de quien
quiera rellenarlos
porque me ve
como desea
y no es capaz
de aceptar mi realidad,
mi propia odisea.

Que no,
que no me intentes
y si lo haces,
mejor
sin juicios ni presunciones
sobre qué es
lo que represento,
no me vale
una reconstrucción
a base de suposiciones,
sintiéndote
más vivo que muerto,
tu mente,
medio inerte
y de carácter suicida,
cuadrándome
dentro de retinas
en ideas preconcebidas
que ni son
ni existen en ninguna
realidad objetiva.

Pero vienes
con tus pasos
afianzando
la libertad por tu camino
y retumba mi senda,
y creéme
que me sé tus huellas
de memoria
por ir a buscarte
cuando tú ya
has tomado otros atajos,
y me quedo con que
el viento me dice
que no mentías,
pero sigues por líneas
cada vez
más paralelas a las mías
y así,
aunque avancemos
nunca vamos a coincidir
en las mismas vías.

Yo sigo aquí,
en esta
distante
parada de tren,
ya lo sabes.

Y que aquello
que jamás vamos a controlar,
aquello que no vamos
a recuperar,
ese tiempo invertido
en cada lugar,
en cada persona,
en cada intento
de ser algo más...
que sea ese tiempo
el que decida lo que hacer
con tantos billetes
caducados,
con tantas
paradas a deshora
y con la utopía
del destino
que ha forjado este querer.