No curé nada.
Tampoco abrí viejas heridas
ni clavé ningún cuchillo nuevo en su piel.
No salvé nada.
No estaba perdido, conservaba sus alas,
no sangraba.
No avivé el fuego ni lo apagué.
No borré sus ojeras
ni cambié las razones
de sus maldormidas noches.
de sus maldormidas noches.
No fui jaula, ni grillete,
ni atadura, ni cadena.
No lo despojé de sus malas hierbas
ni planté ninguna en su lugar.
No sentencié ni juzgué.
No talé su madera
ni vacié su mar.
No alumbré su oscuridad
ni dí más intensidad
a la luz que ya tenían sus ojos.
a la luz que ya tenían sus ojos.
No me hizo suya.
No fue mío.
Nadie tuvo a nadie,
solo
fuimos
nuestros.
Y mostré mis heridas,
desnudé mis miedos,
dejé que me salvara
aunque ni siquiera él lo pretendía,
le dio sentido al insomnio, a la vigilia,
alumbró mi cuarto sin ventanas
y luego volvió
a dejarlo todo
exactamente
como estaba.
Hice de su guerra mi paz
y de su paz motivo para entrar en guerra.
Me hizo más libre,
más de lo que yo pensaba que ya era.
Parpadea, es intermitente,
y hay tanta belleza en su fugacidad...
Porque no puede ser de otra forma,
porque no quiere ser de otra forma.
Ni quiero que lo sea.
Porque la libertad no se nutre de nadie
ni pretende nutrir a los demás,
porque es totalmente suya,
porque eres tuyo.
Y vuelas.
Y yo, te dejo volar.
