miércoles, 28 de octubre de 2015

Nos retiraremos a la vez.


Lo que puede pasar y no pasa
se va entrelazando con el ahora,
y a veces
amenaza con matarme.

Lo ensucia todo, lo rompe,
lo estrangula hasta dejarlo sin aire
y luego se lo devuelve.

Se balancea sobre mi cabeza
haciéndome olvidar el presente,
mostrándome momentos ficticios,
presentándolos como reales.

Hasta que vuelve la rutina,
las obligaciones.
Es entonces cuando todo deja de poder pasar,
y tú no estás, no hay nadie.

Hoy tampoco has decidido quedarte.

¿Los oyes?
me gritan que camine por este camino,
como si ellos supieran qué es lo correcto,
como si ellos supieran quién eres,
como si conocieran la fórmula exacta
que tengo que aplicar
para dejar de sentirme así,
como si entendieran mis razones.

Soy un conejillo de Indias
y aún no sé salir de mi jaula.

Pero corro dentro de ella y me creo libre.
Ellos miran y se ríen.
Lo han conseguido,
saben que lo han conseguido.
Joder, lo saben.

«Manos arriba» nos dicen,
y yo te suelto.
Son niños jugando con armas,
siguen apuntándonos y yo insisto,
digo que te he soltado.

«Corre» te gritan,
y tú huyes.
«Se acabó» me gritan a mí.
Bajo las manos,
ya ni siquiera me oyes,
y ellos me matan a tiros.

Te he dejado ir.

Si uno de los dos decide abandonar la guerra
nos retiraremos a la vez.
Lo sabes, joder, lo sabes,
ya no puedo seguir en pie.

Corre en tu jaula, corre,
nunca dejes de hacerlo,
aunque la soledad te ahogue
y encontrarte contigo mismo te de miedo.

Corre hasta que quieras quedarte con alguien.
Corre hasta que quieras quedarte.
Corre hasta que quieras.

Corre.




miércoles, 7 de octubre de 2015

Prometo llevarte flores.



Para vivir
sólo
me hago falta yo.

Y nosotros no estamos muertos.
Pero casi.

Como cuando en las películas,
la chica, sentada,
rechaza cualquier:
¿me concedes este baile?
y espera,
espera
y espera.

Poniendo la mano en el fuego
por quien nunca la salva.

O por quien lo hace, y luego,
como si nada,
decide soltarla.

Odio esas escenas, las detesto,
y es ahora cuando me niego
a seguir protagonizándolas.

"Nadie baila como yo mi canción favorita",
escúchala,
está sonando
y acabo de levantarme de la silla.

Y voy a bailar descalza,
hasta tener agujetas en las uñas,
hasta que los focos se apaguen
y pongan en pause la música,
hasta que la libertad
me salga por la boca y las pestañas.

Ojalá entiendas,
antes de que sea demasiado tarde,
que siempre se puede elegir
llegar a tiempo a los bailes.


Porque no has muerto,
pero casi.



sábado, 3 de octubre de 2015

Cierre y demolición.

...seguir en pie quiere decir coraje
o no tener donde caerse muerto.
-Mario Benedetti.




Mis ruinas ya han sido polvo antes,
ya saben reconstruirse durante el invierno,
a base de muros,
de cemento.

"Reconstruirse",
como si alguna vez
hubiera estado en pie,
como si alguna vez hubiera volado
en vez de caer,
como si no hubiera suelo,
como si no doliera nada,
ni siquiera las hostias
al darme de bruces contra él.

Piedra hueca y poco pesada,
fachadas reducidas
como en tantas otras muertes
a vulgares cenizas,
asquerosas e insignificantes,
privadas de su fuerza
cuando tú te acercas,
cuando me miras.

Porque tienes el efecto mariposa
incrustado en cada uno de tus dientes,
descansando,
encarcelando la felicidad,
pero cuando ésta abre los ojos,
cuando se acaba el tiempo
y el morbo de la cuenta atrás
hace explotar la bomba,
cuando intentas cortar el cable
pero ya es demasiado tarde,
cuando sonríes,

joder cuando sonríes.


Los derrumbamientos a tu alrededor
exterminan ciudades,
devastan imperios,
y tienen la capacidad de aliviar,
como las alas que me puso Escandar
anoche en el recital,
como cuando la música es tu risa
y es más de lo que necesito
para ponerme.
A bailar.

Es la borrachera de palabras,
las ganas irrefrenables de vomitar
toda la mierda de dentro,
de aquí dentro,
y tú diciendo que sigue sin ser grave,
ni siquiera cuando quema,
ni siquiera con el fuego.

Y ahora que el destino ha empezado
a tornarse derrota,
que nos cede la responsabilidad
de nuestros logros,
él,
que nos enseñó a apostarlo todo
al precio más alto,
sin sal ni limón para suavizar
el trago amargo,
sin dejarnos ganar ni una puta vez,
sin dejar de hacernos perder
mientras nos vendía
su falsa y sabia vejez.

Qué egoísta suena
querer ahogarte,
tragar sabiendo que es inútil
inundar algo que se vuelve a secar,
vaciar, vaciar y vaciar,
hasta desaparecer,
hasta la saciedad.

Y como quien sufre pérdida de memoria
me hago la cuerda,
y te invito,
sin que lo pidas,
a entrar.