sábado, 3 de octubre de 2015

Cierre y demolición.

...seguir en pie quiere decir coraje
o no tener donde caerse muerto.
-Mario Benedetti.




Mis ruinas ya han sido polvo antes,
ya saben reconstruirse durante el invierno,
a base de muros,
de cemento.

"Reconstruirse",
como si alguna vez
hubiera estado en pie,
como si alguna vez hubiera volado
en vez de caer,
como si no hubiera suelo,
como si no doliera nada,
ni siquiera las hostias
al darme de bruces contra él.

Piedra hueca y poco pesada,
fachadas reducidas
como en tantas otras muertes
a vulgares cenizas,
asquerosas e insignificantes,
privadas de su fuerza
cuando tú te acercas,
cuando me miras.

Porque tienes el efecto mariposa
incrustado en cada uno de tus dientes,
descansando,
encarcelando la felicidad,
pero cuando ésta abre los ojos,
cuando se acaba el tiempo
y el morbo de la cuenta atrás
hace explotar la bomba,
cuando intentas cortar el cable
pero ya es demasiado tarde,
cuando sonríes,

joder cuando sonríes.


Los derrumbamientos a tu alrededor
exterminan ciudades,
devastan imperios,
y tienen la capacidad de aliviar,
como las alas que me puso Escandar
anoche en el recital,
como cuando la música es tu risa
y es más de lo que necesito
para ponerme.
A bailar.

Es la borrachera de palabras,
las ganas irrefrenables de vomitar
toda la mierda de dentro,
de aquí dentro,
y tú diciendo que sigue sin ser grave,
ni siquiera cuando quema,
ni siquiera con el fuego.

Y ahora que el destino ha empezado
a tornarse derrota,
que nos cede la responsabilidad
de nuestros logros,
él,
que nos enseñó a apostarlo todo
al precio más alto,
sin sal ni limón para suavizar
el trago amargo,
sin dejarnos ganar ni una puta vez,
sin dejar de hacernos perder
mientras nos vendía
su falsa y sabia vejez.

Qué egoísta suena
querer ahogarte,
tragar sabiendo que es inútil
inundar algo que se vuelve a secar,
vaciar, vaciar y vaciar,
hasta desaparecer,
hasta la saciedad.

Y como quien sufre pérdida de memoria
me hago la cuerda,
y te invito,
sin que lo pidas,
a entrar.



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