No quiero aferrarme a la falsa seguridad que te da conseguir aquello que se espera de ti o aquello que esperas tú de ti. Ya no sé muy bien quién espera algo de quién y lo que se espera, bueno, tampoco está muy claro. Ni siquiera la exigencia impuesta para conseguirlo, ni la rapidez, ni la eficacia, ni tampoco los daños colaterales o las carencias implícitas. Ni siquiera los excesos, ni qué hacer cuando te abruman tanto que prefieres que te seque del todo alguna ausencia.
A veces creemos que nos sujeta algo, que sin eso todo empezaría a dejar de tener sentido. Como si hubiera una regla no escrita que nos dice casi susurrando que es extremadamente necesario no soltarlo. Como si le debiésemos algo, como si nos debiésemos algo a nosotros mismos y la única manera de pagarnos, de saldar esa especie de deuda fuese aferrándonos a eso. Y, casi inconscientemente, la acatamos.
Pero no nos sujeta nada, es solo humo, una ilusión. Y lo peor no es darse cuenta de ello. No eres más listo, más genio, ni siquiera más feliz. Ser capaz de verlo hace que te paralices, porque no lo entiendes, porque lo has soltado y aún estás ahí, en el mismo sitio, dependiendo solo de ti. Únicamente de ti. Pero eres tú la que se queda atrás, porque los demás siguen persiguiendo lo que se supone que está bien perseguir. Y tú no.
La mayoría de veces no he huido, solo he sido el resultado progresivo de ir rompiendo mis propios axiomas. Constantemente, produciendo, sin querer o puede que incluso hasta queriendo, otros nuevos. Y yo soy eso. Lo que destruí, lo que me sigue destruyendo y lo que hago para intentar que no me destruya de nuevo. Soy restos de todo lo anterior.
Y no sé hasta qué punto podemos modificarnos, o influir con ello en los demás, pero es imposible negarlo. Solo se trata de dominarlo, de mantenerlo alejado, en otra parte que no sea dentro de ti, aunque sea tuyo, aunque seas tú. Porque sí, es una parte de ti pero una parte infinitamente pequeña comparada con lo que necesitas ser a partir de ahora. Y eso debería bastar, debería ser razón suficiente como para intentarlo, como para que quisieras intentarlo.
Aunque para eso debas esperar algo de ti y no de los demás. Porque nunca hubo nadie para sujetarte. Siempre has sido tú. Tú siendo ayudada por ti, siendo perjudicada, juzgada o premiada.
Entonces dime,
¿quién o qué te impide realmente cambiar?