sábado, 26 de marzo de 2016

Como yo: gilipollas.

Como la avispa que se arrepiente de haber clavado su aguijón en el mismo brazo que antes ha intentado aplastarla.

Como quien es alérgico a algo pero no puede evitar comérselo porque el sabor supera con creces la sensación de ahogo que le viene después.

Como el árbol que están a punto de talar y antes de morir pide perdón. Por si al caer al suelo, por su culpa, muere alguien más.

Como apostar en tu contra, alegando que al acabar la guerra, si sobrevives, si la ganas, serías capaz de suicidarte, negándote a saborear la victoria.

Como ponerte a llorar como una niña pequeña cuando te tiran ese juguete que tanto te gusta, el que está roto, y a cambio, sin preguntarte, creyendo que te conocen, te dan el mismo pero recién comprado. Y lo vuelves a romper, porque estás acostumbrada a cortarte mientras juegas.

Pero nadie ha sido avispa, ni árbol, ni suicida, ni niña pequeña por mí. Ni hace falta.

No os hago falta.


martes, 22 de marzo de 2016

Es martes, no me hagáis mucho caso.



No quiero aferrarme a la falsa seguridad que te da conseguir aquello que se espera de ti o aquello que esperas tú de ti. Ya no sé muy bien quién espera algo de quién y lo que se espera, bueno, tampoco está muy claro. Ni siquiera la exigencia impuesta para conseguirlo, ni la rapidez, ni la eficacia, ni tampoco los daños colaterales o las carencias implícitas. Ni siquiera los excesos, ni qué hacer cuando te abruman tanto que prefieres que te seque del todo alguna ausencia.

A veces creemos que nos sujeta algo, que sin eso todo empezaría a dejar de tener sentido. Como si hubiera una regla no escrita que nos dice casi susurrando que es extremadamente necesario no soltarlo. Como si le debiésemos algo, como si nos debiésemos algo a nosotros mismos y la única manera de pagarnos, de saldar esa especie de deuda fuese aferrándonos a eso. Y, casi inconscientemente, la acatamos.

Pero no nos sujeta nada, es solo humo, una ilusión. Y lo peor no es darse cuenta de ello. No eres más listo, más genio, ni siquiera más feliz. Ser capaz de verlo hace que te paralices, porque no lo entiendes, porque lo has soltado y aún estás ahí, en el mismo sitio, dependiendo solo de ti. Únicamente de ti. Pero eres tú la que se queda atrás, porque los demás siguen persiguiendo lo que se supone que está bien perseguir. Y tú no.

La mayoría de veces no he huido, solo he sido el resultado progresivo de ir rompiendo mis propios axiomas. Constantemente, produciendo, sin querer o puede que incluso hasta queriendo, otros nuevos. Y yo soy eso. Lo que destruí, lo que me sigue destruyendo y lo que hago para intentar que no me destruya de nuevo. Soy restos de todo lo anterior.

Y no sé hasta qué punto podemos modificarnos, o influir con ello en los demás, pero es imposible negarlo. Solo se trata de dominarlo, de mantenerlo alejado, en otra parte que no sea dentro de ti, aunque sea tuyo, aunque seas tú. Porque sí, es una parte de ti pero una parte infinitamente pequeña comparada con lo que necesitas ser a partir de ahora. Y eso debería bastar, debería ser razón suficiente como para intentarlo, como para que quisieras intentarlo.

Aunque para eso debas esperar algo de ti y no de los demás. Porque nunca hubo nadie para sujetarte. Siempre has sido tú. Tú siendo ayudada por ti, siendo perjudicada, juzgada o premiada.
Tú, sin más.

Entonces dime,
¿quién o qué te impide realmente cambiar?



domingo, 20 de marzo de 2016

Contraluz.


"¿quién no tiene el valor para marcharse? 
¿quién prefiere quedarse y aguantar? 
marcharse y aguantar..."



El presente y el ayer
colisionan como insectos
que avanzan en sentido contrario,
impactando,
cayendo sin saber qué hacer.

Como un efecto dominó
en el que las piezas
quedan desordenadas y dispersas
por todo el suelo,
ocultas entre los huecos de mi ser,
asustadas en cualquier rincón,
gritando.

No puedo reconstruirme sin tenerme completa
pero el primer paso es buscarme, ¿no crees?

Intenté revivir un cadáver
olvidando que por mí
ni había estado muerto
ni vivo. Jamás.

La soledad y las ausencias
me golpearon más fuerte
de lo que pude soportar
y sin defensa, sin fuerzas
la nostalgia empezó a reinar.

Yo fui el cadáver,
yo fui la que dejó de respirar.

No quiero que la tristeza
siga incrustándose entre mis sábanas,
es hora de que desaparezca,
aunque los recuerdos
remuevan lágrimas,
aunque se intercalen y me invadan,
aunque no sea capaz
de encontrar mi lugar
ni de reparar mis alas.

Diles que aunque te sientas solo
nunca lo estarás
y que si intentan destruirte,
pierden el tiempo,
la coraza siempre te salvará.
No de ti
pero al menos sí de los demás.

Debo alejarme
porque ME quiero libre
también es un pleonasmo.
Migraré cuando yo quiera,
sin forzar el corazón
y sin retener mi alma.
Sacaré lo malo fuera.

Así que dejad de impulsarme,
dejad de meterme prisa,
de intentar salvarme.

Dejad de empujarme,
ni siquiera sabéis a dónde vais,
y lo peor
es que yo tampoco.