lunes, 30 de marzo de 2015

¿Carpe diem?

Somos una minúscula pieza en todo el universo, formamos parte de él, de una pequeña parte de él, al igual que lo hacemos de nuestra propia vida y de la de los demás. Podemos cambiarla, la nuestra y la suya. Conocer, sentir, hablar...todo puede tener un efecto aunque creamos que solo es tiempo, palabras dichas, momentos compartidos que acaban. Puede ser insignificante, o no, pero cada acción tiene consecuencias, incluso cuando saludas a un desconocido por la calle, cuando te enfadas con tu madre, cuando le das tu teléfono a alguien o cuando animas a tu mejor amigo para que no siga llorando. Está bien eso del "carpe diem", ¿no? Somos el tiempo que nos queda y cómo lo afrontamos, es bueno vivir cada instante como si fuera el último, pero no deja de parecerme un tópico. Pensar en vivir el momento ya es dejar de vivir el momento.

Es absurdo que nos engañemos creyendo que somos dueños de toda nuestra existencia y de nuestro paso por el mundo, es absurdo que creamos tener el control de todo. Lo he dicho muchas veces, y aun no sé cómo han construido todo esto, esta artimaña a seguir por toda la jodida humanidad, para estar predispuestos a hacer determinados actos en la vida, actos que pueden cambiar en cuando al dónde, al cuándo, al cómo, y al quién, pero actos que todos llevaremos acabo en esta gran obra de la que somos marionetas. Nacer, colegio, instituto, universidad, amores, desamores, fin de carrera, piso, trabajo, matrimonio, hijos, y se acabó.

Creo que todos necesitamos creer en algo. Creer que nuestros errores no son nuestros, que todo tendrá solución a pesar de no hacer nada para que las cosas mejoren. No creo que haya dios ahí arriba, y, si lo hay solo espero que la vida no sea como la conocemos actualmente, porque si es así, prefiero ahorrarme una segunda función.

Dicen que cumplir años es morir. O quizá todo sea más sencillo. Quizá escribir esto no tenga nada que ver con la vida. Supongo que busco aislarme, no creo que este mundo sea para mí, al fin y al cabo nadie me preguntó si quería existir, solo estoy aquí, de eso se trata, de ser efímeros en un mundo efímero, tiempo, personas y sentimientos efímeros. Hay una búsqueda de la felicidad constante, una búsqueda de algo a lo que nosotros llamamos así, "felicidad" y no nos tiembla la voz cuando decimos eso de "soy feliz", como si fuera algo alcanzable, permanente, como si nosotros supiéramos exactamente qué es. No creo que exista nada de eso. Tampoco amar u odiar. Solo somos reacciones químicas por dentro. Y por fuera. Reaccionamos cuando alguien nos abraza, cuando sentimos miedo, cuando sufrimos.

¿No os habéis dado cuenta? Decimos que los perros son los seres más nobles de toda la tierra, decidme entonces qué esperanza se puede depositar en el ser humano. Qué bondad se puede esperar de todos nosotros. Empezamos esto desvaneciéndonos según el medio en el vivíamos, solo los más aptos eran capaces de sobrevivir. La ley del más fuerte. Y ahora es el medio el que se jode si no nos sale algo bien. Somos los causantes de nuestra propia involución.

No os engañéis, nosotros no aprovechamos el momento, es el momento el que se aprovecha de nosotros,  y supongo que lo que queremos, lo que deseamos, las utopías, las metas, ser eternos...todo eso está en el horizonte.

"Si tú das diez pasos, el horizonte se alejará diez pasos, si caminas veinte, éste se alejará otros veinte, y ¿para qué sirve? Para eso, para caminar".
-Eduarno Galeano.



domingo, 22 de marzo de 2015

Que arda París.

No me perdí
en un cruce de palabras
ni me anotaron mal la dirección,
fui yo
la que decidió esperarte,
sabiendo que nunca
iba a poder abrazarte,
como una carrera
en la que por mucho que corras
nunca llegarás a la meta,
como querer coger el destino
y moldearlo
en un intento vano
de querernos mal,
pero querernos, al fin y al cabo.

Y nos desvanecemos
como las hojas
de ese árbol dorado al caer,
desaparecemos como la Torre Eiffel
entre la niebla
y me es inevitable el pensar
que hasta los recuerdos tiemblan,
que ganar
está sobrevalorado
y que todo acabará borrado
aunque nos empeñemos
en aguantar,
en seguir acumulando fotos rotas,
algún típico souvenir
de esa típica ciudad
con calles olvidadas,
secretos ocultos
conmigo pero sin mi,
ausente,
sin ti.

Aquí dicen creer en el amor,
ponen candados en un puente
pidiendo un deseo erróneo
cerrando los ojos,
apretando las manos
y susurrando un 'siempre'
tan inexistente
como los besos jamás dados,
queriendo estar unidos
hasta el fin,
no dejando nada al azar,
creyéndose eternos
con personas efímeras,
y yo,
que me conformo
con estar contigo
al lado del mar,
lejos de todo lo demás.

Sí,
que arda todo aquel que diga
que siempre nos quedará París,
y que sus cenizas se mezclen
con el viento,
ese que aun lleva tu voz,
y yo
mirando a la luna,
soñando y diciendo
que ojalá,
siempre
me quedes tú.

viernes, 20 de marzo de 2015

El arte es vida.

Ayer ví
una película
de Jean-Pierre Jeunet,
me llenó de nuevas ideas
y revolucionó las que ya tenía,
y me di cuenta
de que el arte y la ciencia,
en todos sus aspectos
y maneras de expresión
van a ser lo único que pueda salvarme,
lo único que siempre
me dará emoción,
lo único que jamás
dejará de darme vida.

Está basada en un libro
de Reif Larsen,
él piensa que el ser humano
es capaz de construir
miles de puentes, torres,
y rascacielos,
de crear líneas perfectas y rectas
con exactitud y precisión,
y sin embargo
somos la especie
más errática e ilógica
de toda la Tierra.

Somos capaces
de hacer cosas extraordinarias
pero nuestra estupidez,
como dijo Einstein,
es infinita,
somos capaces
de quitarle derechos
a la naturaleza,
obviando así
su total importancia
en el planeta,
pero también creamos maravillas
como 'La sinfonía del nuevo mundo',
de Dvorak,
la que hace que te olvides de todo
durante un par de horas.

O el sonido del violín
de Anne Sophie Mutter,
o de Janine Jansen,
y es que ellas solas
son capaces de emocionar
con un único instrumento,
y qué magia poder escucharlas.

Podría hablar de genios,
de Mozart y de su Requiem,
de Beethoven y su novena sinfonía,
de La Mañana de Grieg,
Vivaldi y sus Cuatro Estaciones,
del Canon de Pachelbel,
Wagner
y su cabalgata de las Valkirias,
de la voz de Renée Fleming,
de la marcha Radetzky de Strauss
Finlandia, de Sibelius,
de Tchaikovsky
y su Lago de los Cines.

Podría hablar
del Adagio de Albinoni,
de Chopin y su piano,
Mendelssohn
y su marcha nupcial,
de las óperas de Prokófiev,
Händel y Verdi,
Lullaby de Brahms,
Debussy y su Claro de Luna,
los conciertos
de Brandenburgo de Bach
y las sinfonías de Haydn.

Podría hablar
de todos los desastres de la humanidad
llevados a cabo
a lo largo de la historia
y de los cientos
que aun nos quedan
por protagonizar,
podría,

pero al escuchar melodías,
todo lo malo se olvida,
porque la música habla por sí sola
y cuando suena
es el resto del mundo
quien está obligado a callar.



martes, 17 de marzo de 2015

Fecha de caducidad.

Hay cosas que no terminan y el principio tampoco está muy claro.Voy a parar esto durante un minuto, como si apoyara mi cabeza en tu hombro y todo lo demás dejara de existir. Calma. Todo ha cambiado demasiado deprisa.
Hoy -bueno, más bien ayer- me dijeron: "tienes que entender que los momentos al lado de alguien se acaban, que tienen fecha de caducidad y no puedes volver a consumirlos". No supe qué responder. Creo que fue porque esas palabras me hicieron darle vueltas a todo. Reciclaje emocional, o eso dicen.

Espero que entendáis la metáfora. Veréis:

Siempre vuelvo a esos momentos aunque estén caducados y por eso me sientan mal. Pero es más que eso. Mi problema -vamos a llamarlo así- es que pienso que voy a tener ese momento de manera infinita, y cuando se acaba, sigo guardándolo, volviendo a la nevera para verlo, para contemplarlo, -aunque esté vacío- y recuerdo que una vez lo probé y me hizo feliz. Quiero decir, puedo pasarme todo el tiempo del mundo sin cerrar la puerta de la nevera hasta que esta se descongela por estar tanto tiempo abierta y cuando todo está desbordado no me levanto del suelo hasta que viene alguien que la cierra de un portazo, silenciando esos recuerdos. Todos llevamos ese "agua" de cada persona con la que hemos compartido momentos. Nunca quedamos secos del todo. También hay gente que tiene mil neveras abiertas, va probando momentos de todas y antes de acabarlos, los tira a la basura y vuelve a empezar con otros distintos. Pero ¿sabéis? ahora no tengo ganas de hablar de ellos. Quizá otro día. Y ya está. Creo que ya he dicho todo lo que quería deciros. Por eso me sorprende esa gente que es capaz de seguir exactamente igual de bien cuando consume el tiempo limitado con esa persona y comprende que tiene que irse. Y se va. Sin más. Y no se queda mirando el interior de la nevera. Simplemente disfruta del instante y cuando se acaba, busca otro en el que fijarse y con el que comenzar de nuevo. Admiro esa facilidad que tienen algunos para seguir adelante, ilesos e inmunes a todo lo anterior. Y vuelven a dar otra vez abrazos con las mismas ganas y besos igual de sentidos a otro cuerpo distinto, a otra mente. Pero yo no. No puedo. Al menos no tan rápido. Será que soy poeta y por inercia, me toca sentir más, escribir más y ser más triste, que en mi caso y cómo dice Lara, es otra forma de ser feliz.

domingo, 15 de marzo de 2015

A cara o cruz.

Elige una carrera,
elige un trabajo,
elige una familia,
elige el nombre de tus hijos.

Elige un coche,
una casa,
un color para los azulejos,
una televisión plana,
y un sofá
en el que rabiar
con las injusticias diarias
al llegar a casa.

Elige un banco
en el que tener tu dinero,
elige la ropa
que te vas a poner hoy,
elige un seguro,
elige prescindir de esto
para tener aquello,
elige partido
al que votar,
elige la manera
en la que te van a robar.

Elige tiempo
para perderlo o aprovecharlo,
elige dejarte barba,
elige corbata,
vestido,
color de uñas
y lado de la cama.

Elige salud,
o elige comida basura,
elige bajar el colesterol,
o elige no comer
para sentirte mejor.

Elige ser igual
o diferente al resto,
elige estorbar,
ir en contra del sistema,
o ser leal en el rebaño,
tener dueño y amo.

Elige dios inexistente
al que rezar
y luego elige persona real
a la que echarle la culpa
cuando todo salga mal.

Elige moda
con la que integrarte en la sociedad,
elige ideología,
elige comer carne o no,
elige pagar a plazos
ese ordenador
de última generación.

Elige color de pelo,
elige la talla de tu sujetador,
elige una nariz perfecta,
elige gimnasio
en el que unirte
al estereotipo
y cambiar todo
menos tu interior.

Elige bebida,
elige resaca,
elige preguntarte
quien coño eres
un domingo por la mañana.

Elige amores,
elige errores,
elige olvidar,
recordar,
elige luz,
elige oscuridad.

Elige película
para ver en el cine,
elige palomitas,
elige refresco
y compañía.

Elige foto de perfil,
elige estado,
elige nombre de usuario
y estar conectado.

Elige música,
elige a tus amigos,
un libro,
una mascota,
elige maleta y billete,
elige viaje
y cuota.

Elige fotos
que enmarcar
y poner por toda la pared,
elige sueño que cumplir
o abandonar,
elige fumar,
elige amar,
elige mentir
o decir la verdad.

Elige lugar
en el que enfermeras
cuiden de ti
cuando no puedas más,
cuando seas un estorbo
cuando todo te sepa añejo,
cuando tus nietos,
al verte,
te llamen viejo.

Elige tu presente y tu futuro,
elige manera en la que vivir
para no arrepentirte de ella
cuando vayas a morir.

Pero decidme,
¿quien está dispuesto a elegir?

A la mierda.

Nadie elige la vida,
y yo no pienso ajustarme
a la medida,
no hay razones
ni opciones,
tan sólo que es mi vida,
y voy a ser yo
quien la viva.



miércoles, 11 de marzo de 2015

Solo laten tus cenizas.

Malditos los poetas alegres
que no son otra cosa
que no-poetas,
maldita toda aquella poesía
que después de leerla
te vacía.
Y menos mal.

Maldito el tiempo
que no paso a tu lado,
ese del que siempre me quejo,
ese que parece siempre malgastado.
Malditos los relojes
que siguen marcando
la hora exacta
del momento en el que huiste.

Maldito cada tren,
cada aeropuerto,
cada puta parada de metro
que nunca nos ha visto
comprar billetes juntos,
ni hacer arder
esa efímera habitación de hotel.

Malditas todas las pupilas
que no te ven,
malditos todos los abrazos
que no te atrapan,
malditas esas manos
que más que curarte,
te matan.

Malditas las palabras
que no te adoran,
malditas las playas
que no se bañan en ti
cuando te sumerges en sus aguas.

Malditas todas esas mujeres
a las que les has quitado las bragas,
malditas por no querer enloquecer
dentro y fuera de tus sábanas,
malditas por no secarte las lágrimas
después de cada orgasmo,
malditas por no quedarse día tras día
a tu lado,
por no entender

que después de hacer el amor,
no estás cansado ni quieres alcohol,
tan solo ser libre,
correrte en las calles
y empezar una revolución.

Malditos planes planeados,
malditos sueños abandonados,
malditos los que creen
que viven sin maldición,
maldito tú
por crearme esta adicción,
malditos los renglones
cuando esperan
que te olvide mejor.

Malditas todas las noches
que vieron
cómo nos tirábamos a la cabeza
más de mil reproches,
maldita la comisura de tus labios
cuando alguien no la muerde,
cuando no aprovecha esa suerte,
cuando no se deja llevar
por los impulsos primarios,
cuando te quiere
menos de lo necesario.

Maldita cárcel camuflada
la de tus ojos,
malditas las balas
que más que perdidas
impactan en mí,
malditas las heridas causadas
por ser fiel,
esas que llevo
dentro de la piel.

Maldita pistola
con la que me sigues apuntando,
maldita perseverancia la mía
por no apartarme
cuando vas a disparar,
cuando son tus manos
las que hacen sonar el gatillo.

Pero lo haces,
disparas,
apuntas
y dueles.

Justo en el lado izquierdo de mi pecho,
justo donde tú permaneces,
donde te tengo a salvo.

Y me acabo, me hundo y caigo,
desisto,
porque sé que es donde yo, en ti
hace tiempo que no existo.

Maldita yo,
por ser tu único defecto.
Maldito cada punto y final
que siempre acabo sustituyendo
por un continuará...



martes, 10 de marzo de 2015

Vuelve.

Él es de los que luchan a muerte por lo que quieren, y prefirió vivir, quizá por eso quiso dejarme pasar, quizá por eso me dejó ganar.

No quiere estar atado a ningún lugar, persona, culpa o excusa, pero no sabe que él es un barco perfecto en el que quedarse a la deriva -y naufragar toda la vida-.

Calla más que siente y siente más que habla. Supongo que sus silencios siempre han tenido algo que ver conmigo.

Se deja llevar ignorando que él es la marea en la que se hunde todo lo demás.

Su tiempo más que valer oro, vale la alegría.

Diría que es un precipicio y yo he encontrado el equilibrio casi al borde de sus brazos.

Que solo se vive una vez, es algo que lleva por bandera.
No cree en el destino, ni en las casualidades, ni en los imposibles, pero una vez creyó en mi -espero que lo siga haciendo- y con eso me basta.

Puede que sea verdad lo que dijo una vez, que él era un desastre y que con un solo toque haría de mí un completo caos.
¿Y si os digo que yo ya estaba así cuando me encontró?
¿Y si os digo que fue él quien me ordenó?

Deberíais tenerle envidia, porque cuando sale y mira al cielo, es el mundo el que lo contempla a él.

No hace falta que lo entendáis, pero mejor será que olvidéis todas esas palabras que relacionáis con el amor, olvidadlas. Ya lo habéis ensuciado todo bastante.

Y yo -bah- te echo de menos.



lunes, 9 de marzo de 2015

Soledad, en plural.

Seamos elocuentes,
tus heridas del pasado las cura
quien hace
que las ignores todas
y a su vez
es quien te causa nuevas,
para que otro
te salve de ellas.

Así sucesivamente.

Estamos programados
para olvidar sólo
cuando otro nos da motivos
para volver a empezar,
para coleccionar momentos,
recuerdos nuevos,
pensando que esta vez,
lo de querernos,
será verdad.

No soltamos nada
hasta que no nos dan
una alternativa a la que agarrarnos,
vivimos condicionados,
esperando
y estamos convencidos
de que es mejor tener
una herida en mano
que cien sonrisas volando.

De ahí
lo de que un clavo
saca a otro clavo,
y qué manera tan burda
y patética de decir
que vamos de pena en pena,
o lo que es lo mismo
que tratamos de entender
cómo vivir,
que la madera
donde están clavados
estará ya cansada de aguantarlos,
de un principio que nunca
parece tener fin.

La virtud no está
en sanar con parches
ni en causar más dolor
para hacer insignificante el anterior,
no hay que besar otras bocas
para que se vaya
el sabor de quien añoras,
ni buscar el amor
en el fondo de los vasos
de ese bar en el que lloras.

No hace falta creerse Quijote
ni llamar Dulcinea
a toda aquella que te haga sentir vivo
durante un par de segundos,
porque sabes que esa felicidad
sólo ha durado un instante,
y al volver a casa
vas por esa cuidad,
mirando al suelo,
igual de solo,
caminando
al filo de la realidad.

Hoy he leído
un verso de Salem:
"mi soledad solo quiere estar contigo"
y joder,
supongo que hasta las palabras
que no se refieren a dos
se combinan
y acaban siendo plural,
haciendo que parezca normal
que estés
hasta cuando no estás.



domingo, 8 de marzo de 2015

Jaque mate.

Alguien me dijo una vez que iba a estar conmigo el resto de su vida. Es irónico que la misma persona que lo prometió fuera la primera en jurárselo a otras tantas. No debería gastar mi tiempo en volver a escribirte, y no lo hago. Escribo para mí, para sacar fuera todo lo que debí decir en su momento. Llevaba meses y meses sin acordarme de ti. Pero los domingos siempre traen sorpresas y hoy, sin buscarlo ni quererlo, me han contado todo lo que has hecho desde que no estas junto a mi. Y fíjate que no me sorprende. Has hecho exactamente lo que sabía que harías. Sigues siendo demasiado predecible y si me permites la expresión, igual de crío, igual de simple, igual que el resto, al fin y al cabo. Es extraño volver a hablar de ti  y no quererte. Sin sentir el más mínimo dolor cuando me acuerdo de esas heridas ahora totalmente curadas. Inexistentes. Como tú, en mi vida. Es satisfactorio saber que tú ahora echas de menos esos momentos y quieres volver a tener el tacto de mi piel sobre la tuya. 

Ahora los papeles están cambiados, vueltas de la vida, o eso dicen. Me hace reír que creas que después de todo yo iba a seguir ahí. Dicen que cuentas que sigo igual desde que desmonté toda tu película. Que a pesar de descubrir la verdad, dices, que sigo estancada en ti, que crees que la poesía se escribe porque tú existes, demasiado ego para alguien que no sabe mantener nada en su vida, ¿no crees? aunque me viene perfecto que sigas siendo igual de iluso. Por suerte o por decirlo de alguna manera pude darme cuenta de todo antes de que fuera demasiado tarde. Pude cerrar la maldita puerta de un portazo y destruirla. De nada me sirve que vengas con excusas, cambios que prometiste hace años, sí, años, y te quieros que ni antes ni ahora ni nunca han sido ni serán verdaderos.

Qué ciega estuve. Y qué placer poder abrir los ojos desde el momento en el que decidí dejarte atrás. Y sí, voy a decirlo, te superé hace meses, hace mucho, pero hoy, hoy he logrado la mejor puntuación. Hoy he llegado a la meta. Y gracias. El dolor hace que la gente aprenda, y no es un tópico, es la verdad. Te hace más fuerte y pensártelo dos veces antes de volver a caer dentro de las redes de gente como tú. Hace que algunos errores no vuelvan a aparecer en tu vida. Soy inmune. A ti, a lo que fuimos y a lo que ahora esperas que lleguemos a ser. Por fin ha llegado el día en el que a ti te toca perder. Bueno, me perdiste desde el primer día que besaste otras bocas y llenaste la mía de mentiras. ¿Y sabes? Yo sí he ganado. Gané desde el día en el que mi sonrisa ya no era por ti, sino por mí misma. Gané desde el día que entendí que la vida no consiste en una sola persona. Gané el día que aprendí a valorarme un poco más. Gané todo el tiempo que había malgastado contigo en apenas unos segundos, esos en los que por fin me despedí de ti. Gané cuando entendí que a veces, para lograr ser feliz hay que perder aunque creas que no es lo mejor. Gané cuando por fin quise perderte de una jodida vez. Y puedes contarles lo que quieras. Habla de mi. Inventa palabras, momentos y luego intenta mírarte al espejo, intenta sonreírte - si aun puedes-. Inventa todo cuanto te plazca. Finge, miente y decepciona. Hagas lo que hagas, sientas lo que sientas, digas lo que digas, estés allí , aquí o jures querer, nunca, repito, nunca, me verás volver. Que yo ya eché a correr y ya nadie puede cogerme. Que tú en mi vida, ya no pintas nada.



sábado, 7 de marzo de 2015

Manzana envenenada.

Debería de estar prohibido
escribir sin descargar lo vivido,
versos que se preguntan
si ser o no ser,
escucha, observa,
las letras fluyen y flotan dentro
de esta calle estrecha,
las palabras se alimentan de mí,
luchan,
con ellas sé que voy a perder,
como el mal
en el abismo de Helm,
la tinta sigue una y otra vez
corriéndose encima del papel
y yo
me dejo vencer.


Espero, vuelvo, y me voy,
todo eso en bucle,
sin parar
y sin posibilidad de aterrizaje,
que ya no sé qué espero,
¿y volver? lo siento, no puedo,
te dije que ahora no existe lugar
en el que estar juntos de nuevo
ya no hay nada que hacer
si en cada línea
vas buscando un 'pero'.


Vamos a coger el cielo
y teñirlo de verde,
vamos a comernos las nubes
y morirnos de frío bajo el sol,
vamos a soñar encima de la luna,
vamos a encontrar
esa esperanza que tenemos perdida,
vamos a morder
la manzana envenenada
y a vivir libres,
intactos de heridas,
besando el presente
con las ganas
de aquel verano suicida.


Ven,
vamos a dejar en ridículo
a todos los poetas,
vamos a olvidar la poesía,
la rutina
y la melancolía de Sabina.


Demostremos
que la ausencia de suerte
no es más que una ilusión creada
por los que no consiguen tenerte.


Dejemos
toda palabra que no rime con libertad
en un mero recuerdo,
hagamos sonreír a la vida,
acabemos con algo
destrozándolo por el principio
y mantengamos en secreto su final.


Hazme feliz
en este preciso momento,
mírame a los ojos
y manda a la mierda
todos los infinitos,
las absurdas relaciones de cuento,
haz que ardan los edificios,
calma tu rabia echando más leña al fuego
y no te apagues cuando me vaya,
cuando me despedida
y entiendas que nada
ha de ser eterno.




lunes, 2 de marzo de 2015

Mejor será, ¿no?

Voy a cambiar
las palabras de Andrés:
eres el que hizo en el papel
marcas que hacen cicatriz,
el que juró
no regresar a por mí
y el que llena de flores
todos los días del mes de abril.

No sé qué hacer,
no sé cómo acabar con algo
que nunca empezó,
y menos mal,
mejor tener solo el suelo,
que toda una casa entera por demoler.

Supongo
que será mejor que te vayas,
que yo eche a correr
para no volver jamás,
aunque siga estancada
y manchada de lodo,
cómo en esa canción de Marta,
en la que habla
del apoyo de mentira
cuando ya nadie te mira,
cuando te sientes solo.

Tendré que seguir combatiendo
contra la nostalgia y el tiempo,
crearé poemas que vayan acorde
con todo esto que siento,
y le ganaré la guerra al miedo.

Seguirá
habiendo amor y desengaños,
seguiré soñando
y estaré más loca
con el paso de lo años,
ya lo dijo Aitor Cuervo,
mejor estar cómo una puta cabra
que ser oveja del rebaño.



domingo, 1 de marzo de 2015

Ni colchón ni barricada.

Me pierdo
entre el sonido
de las cuerdas de un violín,
el piano le da sentido
a todo lo que un día sentí,
sigo Gritando en Silencio,
escuchando melodías,
pensándote mientras suena La Raíz,
Marea, rabia,
fluyo sin pretextos,
Toni Mejías,
Día Sexto,
caricias en versos,
besos, caídas,
excesos.


Me subo
a tu recuerdo,
lo abrazo,
cuento hasta tí
y me tiro de cabeza,
sigo cayendo hasta que despierto
y me acuerdo
de que ya nada es lo que era,
todo está hueco,
muerto,
y es tu voz
la que rebota
nadando de nuevo
en cualquier herida rota
dejando aguas estancadas
dentro de mí.


Intento que los daños
me salgan a flote
pero algunos
se quieren hundir,
siguen queriendo quedarse,
creyendo que volverás
para hacerme sonreír
una vez más,
-ilusos-,
no saben que aquí,
en la superficie,
ya no existe ese mar de pasado,
qué desastre,
ya no hay lugar
en el que poder ser algo juntos,
no hubo ni habrá
colchón ni barricada,
solo tiempo que jamás
tuvo por qué existir,
presente gris,
semanas trucadas,
sigo sin destino,
cosiendo a mi espalda
más de mil
despedidas obligadas
deshaciendo con desgana
todo aquello que fui,
cuando navegué contigo
en esas profundas madrugadas.


Será que me gusta
volver a colocar en su sitio
todas las piedras
con las que tropecé en el camino,
una detrás de otra,
momentos vividos,
sueños que siguen a deshora.

No consigo
vencer al olvido,
no, nunca lo haré,
al menos
no contigo.