Hay cosas que no terminan y el principio tampoco está muy claro.Voy a parar esto durante un minuto, como si apoyara mi cabeza en tu hombro y todo lo demás dejara de existir. Calma. Todo ha cambiado demasiado deprisa.
Hoy -bueno, más bien ayer- me dijeron: "tienes que entender que los momentos al lado de alguien se acaban, que tienen fecha de caducidad y no puedes volver a consumirlos". No supe qué responder. Creo que fue porque esas palabras me hicieron darle vueltas a todo. Reciclaje emocional, o eso dicen.
Espero que entendáis la metáfora. Veréis:
Siempre vuelvo a esos momentos aunque estén caducados y por eso me sientan mal. Pero es más que eso. Mi problema -vamos a llamarlo así- es que pienso que voy a tener ese momento de manera infinita, y cuando se acaba, sigo guardándolo, volviendo a la nevera para verlo, para contemplarlo, -aunque esté vacío- y recuerdo que una vez lo probé y me hizo feliz. Quiero decir, puedo pasarme todo el tiempo del mundo sin cerrar la puerta de la nevera hasta que esta se descongela por estar tanto tiempo abierta y cuando todo está desbordado no me levanto del suelo hasta que viene alguien que la cierra de un portazo, silenciando esos recuerdos. Todos llevamos ese "agua" de cada persona con la que hemos compartido momentos. Nunca quedamos secos del todo. También hay gente que tiene mil neveras abiertas, va probando momentos de todas y antes de acabarlos, los tira a la basura y vuelve a empezar con otros distintos. Pero ¿sabéis? ahora no tengo ganas de hablar de ellos. Quizá otro día. Y ya está. Creo que ya he dicho todo lo que quería deciros. Por eso me sorprende esa gente que es capaz de seguir exactamente igual de bien cuando consume el tiempo limitado con esa persona y comprende que tiene que irse. Y se va. Sin más. Y no se queda mirando el interior de la nevera. Simplemente disfruta del instante y cuando se acaba, busca otro en el que fijarse y con el que comenzar de nuevo. Admiro esa facilidad que tienen algunos para seguir adelante, ilesos e inmunes a todo lo anterior. Y vuelven a dar otra vez abrazos con las mismas ganas y besos igual de sentidos a otro cuerpo distinto, a otra mente. Pero yo no. No puedo. Al menos no tan rápido. Será que soy poeta y por inercia, me toca sentir más, escribir más y ser más triste, que en mi caso y cómo dice Lara, es otra forma de ser feliz.
Joder, que bien escribes.
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