martes, 15 de noviembre de 2016

Nana.


Antes de quemarte me apago,
antes de apagarme me quemas.

La rutina roe mis huesos,
se mofa de mis miedos, mis demonios...
Abro los ojos: nadie.

Mi mente sueña libertad,
me advierte de mí,
del negro devenir que acecha,
"deja de ser opaca" me grita,
y extraigo sombras, astillas,
reordeno heridas, traumas...
me resbalo,
no pienso renunciar a ser yo misma.

Mis extremidades quieren ser ramas,
mecerse con el viento,
volver a sentir que te sienten...
ser epifanías de abrazos etéreos,
eternos...
de noches gélidas, magia,

odio verte caer
y no poder erradicar la causa.

Aprendí a discernir delirios,
a quitarme la piel, la coraza,
a detonar el muro, aceptar mis lágrimas...
da igual si amanece y llueve,
da igual si nunca vuelves a verme.

Suenan melodías,
me ofrecen cobijo, no me apresan,
hallo miradas sin niebla,
me recomponen, no atormentan.

No soy libre pero tampoco esclava,
situaciones repetitivas que me aletargan,
mentiras, desconfianza,
tristeza y decepciones como carga...

¿Qué más darán las conjuras de la soledad,
de la oscuridad,
que más dará la locura y el tic-tac ya?
si no hay agua que alcance mi arena,

si sigo apagándome
cada vez que te quemas...