martes, 28 de julio de 2015

Ajustes.



Mapa y a la vez bosque,
por eso me pierdo.

Al final todo se reduce
a vivir sin saber
que lo estás haciendo,
seguir descalza el camino,
y quemar, ver arder
fantasmas y miedos,
aguantar la nostalgia del mar
como la aguanta el pez
mientras nada y se choca
con las paredes de cristal,
realidad impuesta por otro ser.

Para.
No he pedido ayuda.
No quiero dejarme ver.

Y qué sabrán los años
de verme crecer,
los espejos
de mi interior,
las ganas
de necesitar irse,
las palabras
de mis actos,
y el dolor
de cuánto te quise.

Míranos,
ahora estamos hechos
de frágiles momentos,
matamos la oportunidad
como quien deja escapar
arena entre las manos
y no contentos con eso
ahogamos los recuerdos
en otros cuerpos y vasos.

Mírales,
parecen gotas de agua,
nadie diferente respirando,
compran y venden caricias,
se creen dueños de otros,
ponen nombre y etiquetan
las propias y ajenas relaciones,
normal que con tanta codicia,
falten emociones.

Basta ya
de hacer lo que se supone
que debemos hacer,
así nunca cambiará nada
y mejor dejarse llevar
que esperar algo
que va en dirección contraria.



domingo, 26 de julio de 2015

Escenas eliminadas. O no.



Otro reloj de arena que se consume, otra noche en la que observo las adicciones comunes y me entra el pánico. Siento miedo por saber con certeza que lo único eterno en mí será esto, lo único que podré utilizar a mi favor, y que, paradójicamente, jamás conseguirá salvarme, sino terminar de ahogarme. Mis idas y venidas acaban esparcidas en cualquier papel que uso como falso salvavidas. Las palabras son el hilo, y la vida, mi propia red suicida.

Me enfrento a lo que soy. Lucho conmigo misma. Ya van más de tres asaltos y todos mis fantasmas parecen inagotables. Todo lo que construyo lo derribo al intentar protegerlo para que nadie lo destroce. Supongo que los muros se van alzando por precaución y cuando quieres demolerlos ya es demasiado tarde como para volver al principio.

Una revolución iniciada con el objetivo de mejorarlo todo y, contrariamente, acabar en pedazos tan pequeños de nada, que lejos de la meta a lograr, todo va a peor. Pero  sabes que peleaste hasta el último aliento y esa es la única manera que se conoce de no arrepentirse jamás de lo llevado a cabo en su momento. Antes de comenzarla estabas en la zona de confort, importaba menos todo lo que importa más ahora, eras libre en la ignorancia de estar atado a algo. A veces echo de menos no ser consciente de lo que nos oprime.

Pero sigo despierta. Los recuerdos llenos de polvo vuelven a respirar, las heridas se descosen a un ritmo que le haría estremecerse a cualquiera y todo salta por los aires tras creer, ciegamente de nuevo y en vano, que todo estaba bajo llave y enterrado. Celebrar las victorias antes de tiempo siempre ha sido muy humano, sobretodo cuando no sabes ni por qué empezaste esta guerra.

Odio escribir sobre labios que deberían estar rozando otros cuyo nivel de felicidad está muy por debajo de la media, estadística de estadísticas erróneas, hechas por los mismos seres que te causan esa incertidumbre cada día.

Detesto escribir sobre vagar buscando un lugar en el que quedarme por la estúpida idea de querer hacerlo. Intento pensar que es por inercia, pero a pesar de necesitar desconocerme, mi mente me recuerda que no puedo hacerlo. Aún no. Primero tengo que ser capaz de conocerme tanto que sepa la siguiente palabra que escogeré para poder por fin dejarlo.

A veces tengo tanta verdad entre las manos que incluso la coherencia se acobarda ante tanta evidencia, y noto como el aire lejos de ayudarme, se acelera en mi contra y me desequilibra. Porque persigo algo que sé por adelantado que jamás rozaré. Voy lo más veloz que puedo he intento alcanzarlo con la punta de los dedos. Entre derrota y derrota dejo escapar a quien me dejaría quedarme tras explicarme, con la mayor comprensión que alguien puede darme, que realmente lo que hago es huir. No del mundo, sino de mi.

De un montón de imperfecciones, nervios, desilusiones, manías, murmullos, espejos, desgastes, razones, silencios que me calman y gritos que me recomponen cuando no me acuerdo del pasado ni de todo lo que en su día consiguió curarme.

Necesito escribir sobre cosas más simples, necesito dejar de manchar de complicado lo fácil, necesito volver al principio y entender que realmente nunca empezó nada de lo que ahora intento recordar. Es como desmontar una cinta cinematográfica escena por escena hacia atrás y ver como se desvanece todo al ver a los actores leyendo el guión y descubrir entonces la falsa comodidad que produce la ficción.

Me da miedo que la gente siga intentando hacerme creer que están vivos cuando solo interpretan un papel con el fin de estrenar lo antes posible su película. Y me veo en la escena final, haciendo lo que debí hacer antes de comenzar el rodaje.

Y otra vez, todo se repite.


domingo, 19 de julio de 2015

Triunfos y derrotas.



Volví a sentir cómo la tormenta de nieve
terminaba bruscamente,
noté el ruido que precedió
al silencioso paro del tiempo
y dejé de esperar.

Corrí para perder de vista
todos mis miedos anteriores,
pero algunos me alcanzaron
y se hicieron más fuertes
al fundirse de golpe con los nuevos.

Lo mismo pero diferente,
la misma historia de siempre.

Estaba en medio de la lluvia
y entre todo ese desierto de caos
la humedad pasó de jugar con las aceras
a llenar de realidad
mis olvidadas ideas.

Los rayos del sol
intentaban cambiarme el color de la piel,
y casi sin pretenderlo,
como quien lanza
y acierta de lleno en una diana,
consiguieron evaporarme del todo,
incluso las ganas.

No es fácil desprenderse del idilio
y menos aun dejar de quererlo,
pero esta vez huir no es dejar atrás
sino mirar hacia delante,
algo deseable
o simplemente inevitable.

Que si quedarse es la derrota,
todo este tiempo
te he estado pidiendo que perdieras,
y quizá por eso y por ella
decidiste adelantarme.


Al alejarse de mí
todo el mundo gana
(y empiezo a pensar que yo también).



martes, 14 de julio de 2015

Romper en caso de incendio.



Los violines aprietan sus cuerdas cada vez que la sienten respirar, el mar rompe los muros impuestos por, a sus ojos, seres que no comprenden nada, las gotas parecen acariciarla, los árboles la ayudan y le dan tregua al pisar la hierba, se envuelve entre los pequeños detalles, le escuece el dolor cuando no puede ser expresado, y pasa, ajena a los torbellinos que levanta, ella pasa.


Como pleno agosto invadido por una tormenta fría, plagado de insectos que van comiendo y royendo lo poco que queda de calor, como un niño al entender que todo acaba: llora. Llora por no querer formar parte de lo inevitable, y salta en sus propios charcos, los seca, intenta sanar los ajenos pero en vano, vuelve a inundarse. Grita y se deja deshacer entre tanto ruido, empieza a sonar lejana la canción que le calma el alma, la radio destartalada en esa mesilla, olvidada tras la guerra, desgastada por las balas de las horas. Afina el oído y suena como riéndose, con una mueca sabia a la par que ignorante, dando paz, dándole las notas adecuadas para volver a sentir la necesidad de seguir luchando. Exprime la marea que le cala los huesos, la que siempre ha hecho que llegase tarde, y sin dudar, como algo instintivo, como si de nacer se tratase, llena los pulmones de aire, sube el volumen de sus latidos y se deja llevar...


Empieza de nuevo, intentando atrapar pompas de jabón, siendo consciente de tal imposibilidad y de la importancia de ésta para seguir, seguir y seguir intentándolo, como una excusa, como la gravedad manteniéndonos en el suelo y nosotros tomándola como desafío, motivación y oportunidad para salir al espacio. Y comienza a dibujar sueños en el aire, se divierte entre miradas, divaga en las esquinas de las manos de quien pasa las páginas de un libro, está presente en esa caja de recuerdos repleta de vacío, entre los dientes de quien acostumbra a reír por dentro, naufraga por los rincones de las mentes que tienen tantas hogueras de ideas que el blanco del papel les parece más caos que su propio desastre. Fuego que jamás acabará, pues se alimenta día tras día, batalla tras batalla, caída tras caída. Y arde, se prende como las ciudades, demostrando que todas, en su subsuelo, llevan entre las raíces la frase "romper en caso de incendio".

Y pasa. Ella pasa.


Los círculos irritantes que pueblan las aceras tienden a asustarla. Los observa en silencio, callada. Van enfrascados en su lista de cosas por hacer hoy, y mañana...todos apuntan rutina, desgana, obligación, vacío, destrucción...pero nunca disparan. Les falta un solo fin por confirmar, una cruz que haga evidente "que ya está hecho". Y de vivir...de eso nadie se acuerda. Creen que sorprenderse es encontrar un trozo de papel, ese que puede llegar hasta el color lila y hasta el número quinientos en solitario, encontrarlo tras meter la mano dentro de esos vaqueros desgastados, los que según el cambio de estación y el paso del tiempo van quedándose en el fondo del armario, cada año más rotos y con menos valor.


Toma aire. Desfrunce el ceño y ahora, totalmente plena, afirma sin miedo a fallar, que se arrepentirán. Se arrepentirán de confundir el propósito de alguien con el suyo propio, de no haber volado antes de ver por primera y última vez a la muerte mientras les arrebata las alas que no usaron. Jamás entenderán las arrugas, lo irremediable, el "espera" que acontece a un "ceda el paso", las piedras en el camino que nos hacen andar, el olor a eterno tras pintar una habitación con algún color al azar.

Pobres...al final solo les quedarán unas camisas, un par de relojes envueltos en papel de regalo, flores de cartón en las paredes a modo de espejo, tropiezos sin aprovechar, cajas de condones repletas de sábanas a nombre de uno y cerradas con el frío permanente que da la soledad en la cama los domingos de resaca, maquillaje que cubrió sus caras pero no el vacío de su ser, silencios sin apreciar, segundos perdidos por no saber aprovechar...


Cambiarán sus objetivos cuando ya no puedan moverse, cuando al unir los puntos no haya marcha atrás, cuando comprendan que lo suyo no fue existencia, sino un funeral de colores, un falso placebo, un simulacro de muerte que entendían como vida.

Persiguen un espejismo en el desierto, se dejan la piel para llegar y no, no hay mar, solo tú dejándolo todo pasar.

Y pasa, ella pasa, y en menos de lo que se atrapa una pompa de jabón, ella, simplemente, los deja, nos deja, se desvanece y explota.


jueves, 2 de julio de 2015

Hablan de eternidad y ni te conocen.



Después de tantos
falsos agostos,
cuando escucho un: "cambiaré"
me río por dentro,
es una de las mayores mentiras
que me han dicho
-y que me he dicho-.

Pero no.
Que vea cómo matan a alguien
no quiere decir que me guste la sangre
ni que me convierta en asesino o verdugo.
Al revés, empiezas a odiarles.
-y más cuando te toca ser víctima-.

Es como ver una serie
doblada en español
y pensar que es un insulto
hacia la original.
Lo mismo me pasa contigo,
todos vienen
con aires de grandeza
y a los tres segundos me doy cuenta
de que nadie consigue ni conseguirá
hacerte justicia.

Al final
entre domingos constantes
y noches en vela
me agarro a las palabras
para intentar comprender mejor
todo lo que pasa,
y supongo que aunque quiera,
no te dejo marchar
porque me hiciste vivir,
y lo que te hace vivir,
no puede morir nunca.



miércoles, 1 de julio de 2015

Liberación.

Más importante que ser libre
es sentirse cómo tal,
igual que respirar
sin acordarte de hacerlo,
que las cosas fluyan
sin que pesen,
dejarnos llevar...

Conectar con los ríos,
la brisa, la tierra,
el sol, las hojas,
el horizonte,
con lo salvaje,
lo que no tiene dueño,
lo que arrastra, tira y pisa,
con todo lo que escapa
a nuestro alcance.

Aprender el sentido de la vida
día a día.

Bailar y convivir
con el paso del tiempo,
fiel a tus ideales,
jugar y ensuciarte,
descansar
y ofrecer tu hueco,
cerrar los ojos
y fundir tus sueños
debajo de la sombra
de los árboles.

O lo que es lo mismo,
aceptar el sinsentido de la vida
y celebrarlo.

Querer los defectos,
las imperfecciones,
lo raro,
diluir
los malos tragos,
levantar la voz
con cada paso
y seguir andando.

Que la lucha queda
si tú la recuerdas,
que la batalla se gana
si encontramos fuerzas.

Y esquivar esas mentes
que intentan guiarnos,
sentir las ganas
en los que ven otra salida,
perder el miedo a equivocarnos
y ganar,
y volar.

Que no necesito
nada material,
de verdad,
os juro
que prefiero lo sincero,
liberar el corazón
es lo único que quiero.