Me enfrento a lo que soy. Lucho conmigo misma. Ya van más de tres asaltos y todos mis fantasmas parecen inagotables. Todo lo que construyo lo derribo al intentar protegerlo para que nadie lo destroce. Supongo que los muros se van alzando por precaución y cuando quieres demolerlos ya es demasiado tarde como para volver al principio.
Una revolución iniciada con el objetivo de mejorarlo todo y, contrariamente, acabar en pedazos tan pequeños de nada, que lejos de la meta a lograr, todo va a peor. Pero sabes que peleaste hasta el último aliento y esa es la única manera que se conoce de no arrepentirse jamás de lo llevado a cabo en su momento. Antes de comenzarla estabas en la zona de confort, importaba menos todo lo que importa más ahora, eras libre en la ignorancia de estar atado a algo. A veces echo de menos no ser consciente de lo que nos oprime.
Una revolución iniciada con el objetivo de mejorarlo todo y, contrariamente, acabar en pedazos tan pequeños de nada, que lejos de la meta a lograr, todo va a peor. Pero sabes que peleaste hasta el último aliento y esa es la única manera que se conoce de no arrepentirse jamás de lo llevado a cabo en su momento. Antes de comenzarla estabas en la zona de confort, importaba menos todo lo que importa más ahora, eras libre en la ignorancia de estar atado a algo. A veces echo de menos no ser consciente de lo que nos oprime.
Pero sigo despierta. Los recuerdos llenos de polvo vuelven a respirar, las heridas se descosen a un ritmo que le haría estremecerse a cualquiera y todo salta por los aires tras creer, ciegamente de nuevo y en vano, que todo estaba bajo llave y enterrado. Celebrar las victorias antes de tiempo siempre ha sido muy humano, sobretodo cuando no sabes ni por qué empezaste esta guerra.
Odio escribir sobre labios que deberían estar rozando otros cuyo nivel de felicidad está muy por debajo de la media, estadística de estadísticas erróneas, hechas por los mismos seres que te causan esa incertidumbre cada día.
Detesto escribir sobre vagar buscando un lugar en el que quedarme por la estúpida idea de querer hacerlo. Intento pensar que es por inercia, pero a pesar de necesitar desconocerme, mi mente me recuerda que no puedo hacerlo. Aún no. Primero tengo que ser capaz de conocerme tanto que sepa la siguiente palabra que escogeré para poder por fin dejarlo.
A veces tengo tanta verdad entre las manos que incluso la coherencia se acobarda ante tanta evidencia, y noto como el aire lejos de ayudarme, se acelera en mi contra y me desequilibra. Porque persigo algo que sé por adelantado que jamás rozaré. Voy lo más veloz que puedo he intento alcanzarlo con la punta de los dedos. Entre derrota y derrota dejo escapar a quien me dejaría quedarme tras explicarme, con la mayor comprensión que alguien puede darme, que realmente lo que hago es huir. No del mundo, sino de mi.
De un montón de imperfecciones, nervios, desilusiones, manías, murmullos, espejos, desgastes, razones, silencios que me calman y gritos que me recomponen cuando no me acuerdo del pasado ni de todo lo que en su día consiguió curarme.
Necesito escribir sobre cosas más simples, necesito dejar de manchar de complicado lo fácil, necesito volver al principio y entender que realmente nunca empezó nada de lo que ahora intento recordar. Es como desmontar una cinta cinematográfica escena por escena hacia atrás y ver como se desvanece todo al ver a los actores leyendo el guión y descubrir entonces la falsa comodidad que produce la ficción.
Me da miedo que la gente siga intentando hacerme creer que están vivos cuando solo interpretan un papel con el fin de estrenar lo antes posible su película. Y me veo en la escena final, haciendo lo que debí hacer antes de comenzar el rodaje.
Y otra vez, todo se repite.

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