lunes, 1 de mayo de 2017

Respirar.


Me miras extraña pero sin señalarme,
guardas acertijos indescifrables
que yo también conozco, que he vivido.
Te muestras compasiva:
hemos paseado ya por estas calles.

Desde el interior me configuro,
reubico el mobiliario,
modifico el color de los cuadros,
finjo que cambiar es solo eso...
te echas a reír,
mentirnos nunca ha funcionado.

Invento un nuevo cosmos que nos salva,
que nos acerca el alma a ambas,
que desarticula la maraña de maldad globalizada,
la opulencia, la hipocresía,
los moldes de esta fábrica.

Recalculo las consecuencias
de no encontrar el amor propio
y me investigo, y me abrazo,
y yo sola me respondo.

Rara vez obtengo positivo el resultado,
mas ya no me culpo,
consciente de que
en el proceso de dejar de hacerme daño
soy como la niña que da sus primeros pasos:

Lo intento, me caigo, lo intento, me caigo,
lo intento, ando, me caigo...

Tú sacas la lengua, haces muecas,
te muerdes la uñas,
me dejas verte impaciente,
deseosa de vivir el tiempo que nos queda,
esperando, leyendo subtítulos pasados,
previsora de mis actos...
"ojalá, pequeña, que hayas aprendido algo".

Y me susurras,
me preguntas por los sueños primitivos,
por las galaxias rebosantes de vida,
esas, dime...¿siguen estando?
la imaginación creativa,
la fidelidad a pesar del engaño.

Me pongo delante del espejo,
hoy no me miras extraña...
se repetirán los días oscuros
así como aquellos que con su luz
nos dejan cegados,
y entonces no seré yo,
y entonces seguiré siendo la misma,
ese es el círculo, ese es el regalo.