miércoles, 16 de septiembre de 2015

Si no puedes tú, nadie puede.


"Eres la que siempre creyó
que soy causa y efecto
y yo sé que no,
soy las goteras de tu inundación..."
Carlos Siles.


Decir "adiós"
con la boca repletita de dudas
es como tirarse en paracaídas
sin querer hacerlo,
no te sale la voz
ni puedes gritar
-por muy acojonada que estés-
esas cuatro palabras
que nadie toma en serio:
"...pero, si quieres, quédate."

Que sí,
que queremos lo que envenena,
el dilema, Leiva
es que cuando te enamoras
hasta del antídoto
es imposible evitar que te consuma.

¿Desde cuando nos ha importado la luz
si los ojos son capaces de adaptarse
a toda clase de oscuridad y sombra?


Hay que saber mirar mejor,
sin sentir que nos engullen,
sin que resulte trágico,
y,
si el agua se empeña
en separarnos
dejaremos que nos ahogue,
no sin antes
intentar lo contrario.

"Va a subir la marea..."
y yo aquí, esperándote.


Septiembre ya está incrustado
en nuestras venas,
nos obliga a dejar el verano ahí,
olvidado,
nos empuja,
tratando de ordenar nuestros huracanes,
hacia nuevos desafíos,
hasta convertirlos en una leve corriente de aire,
nuevos comienzos, deseados finales.

Llega como una tragicomedia,
haciéndome ver la vida
bajo los efectos
del síndrome de Stendhal,
llega mientras digo que me agarre,
que me inunde, que me llueva,
que yo,
salgo a mojarme,
para que me cale,
para que me salve,
para que me haga sentir como nueva.

Habrá que dejarlo pasar,
acogerlo como todos estos años,
con música que nos haga arder,
con la humedad de las ojeras
en los rostros,
saber plantarle cara
y asimilar los domingos
que vamos a pasar solos.

"y tú te morirás cuando te diga adiós,
si tu te vas me voy contigo amor..."

Las canciones que cantamos
a pesar de que para el artista
signifiquen algo totalmente distinto,
las hacemos nuestras,
gritamos con fuerza cuando llega el estribillo
y saltamos justo cuando oímos esa frase
con la que nos identificamos,
y asentimos como si de verdad
hablara de nosotros mismos.

Nunca te he dicho adiós
por miedo a lo mismo,
pero si algún día
te susurro el definitivo
y te confundes con mis ganas de odiar,

por favor,
lee mis labios
y entiende la metáfora,

porque quien dice leer
se muere por besar.




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