ella sólo se nutre de despojos,
y el escritor se queda en la mediocridad,
y el escritor se queda en la mediocridad,
al ritmo que sus huesos laten
y se deja caer en cualquier par de labios,
unos mejores que los suyos
con dientes dignos de ver
y cuerpo de infarto.
"Los pétalos de plástico
nunca han sido ni serán flores",
se dice después,
y los arranca
en un arrebato de culpabilidad,
como si matar un cadáver
no fuera
asesinato.
no fuera
asesinato.
Nunca le he dado vida a la poesía,
ni tampoco a mi misma,
para qué engañaros.
Llevo más de dos días
viendo la lluvia caer,
parada,
sobria de realidad,
como quien necesita asimilar una pérdida
para poder continuar,
preguntándome cuando escribiré
sobre coleccionar fotos borrosas de ti
por estar riéndonos detrás de las cámaras,
por estar los dos,
preguntándome cuánto más hace falta
para decir de una vez:
por fin.
Me impregno de errores,
me calan defectos, dudas y catástrofes,
dejo que me invadan,
que me invada.
Todo.
De golpe.
Pero no me rindo.
Pero no me rindo.
Las guerras propias siempre se funden
con las batallas a lidiar con el mundo,
por eso no acaban,
porque no pueden ni deben acabar.
Asimilo la partida,
aprendo la técnica
y visualizo consecuencias
anticipándome a las jugadas.
Sigo quieta, en espera,
dejando espacios,
vía libre para los ataques,
sin bloquear el camino hacia la reina.
Pasad. No voy a subir la apuesta.
Jugar nunca ha sido comprometerse
y perder con tus reglas
no es más que una derrota
que ni suma ni resta,
solo desgasta,
que me mantiene alerta,
viva, despierta.
Trato de ordenar ideas inconexas,
ecuaciones a resolver
sin solución,
paradojas acumuladas
que van pesando en mi interior.
Trato de ordenar ideas inconexas,
ecuaciones a resolver
sin solución,
paradojas acumuladas
que van pesando en mi interior.
Es una doble destrucción,
dos salidas cerradas
en un callejón sin ventanas,
la boca del lobo que me traga,
que me persigue
sin darme apenas ventaja.
sin darme apenas ventaja.
Al final miedos,
miedos que van pisándome los talones
y que me hacen llegar tarde
a todas mis victorias,
ahora lo veo:
encajar conmigo misma
siempre ha sido el puzzle,
y la pieza que me faltaba,
todo este tiempo,
también he sido yo.
Ya es hora de acabarlo.
ahora lo veo:
encajar conmigo misma
siempre ha sido el puzzle,
y la pieza que me faltaba,
todo este tiempo,
también he sido yo.
Ya es hora de acabarlo.

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