Aún
no
hemos saltado del avión
y
ya nos quejamos del agua
que
vamos a tener
que
nadar.
Corro
andando
y
suelo llegar tarde
a
la mayoría de los atajos
pero
prefiero
camino
correcto
a
pasos en falso.
Las
cosas pequeñas
han
pasado
a
ser minúsculas
y
las lupas
a
veces, me sobran,
los
ojos miran
pero
no terminan de ver,
todo
se queda quieto
excepto
nuestro tiempo,
y
la gente se limita
a
inmortalizar
el
momento.
Les
va la vida en ello.
Literalmente.
Será
mi frío
contra
todo este calor,
me
derretiré
y
aceptaré la temperatura,
querré
nieve constantemente
pero
sé
que
el blanco
no
dura para siempre
y
que combinará
con
todos los matices
de
vida
que
quieran sentir con él
toda
esta locura.
Estar
lejos de ellos
sin
llegar a perderme,
oyendo
todo
cuánto ocurre,
saber
curarme antes
de
sentir la herida
y
tomar precauciones
cuando
alguien
me
pregunte
por
mi inexistente
y
congelada huida.
No
quiero querer
ni
poder,
simplemente
llevarlo
a cabo
porque
ahora
es
lo que tengo que hacer
y
no hay tiempo
para
elaborar
teorías existenciales
tan
solo ser hielo
que
cae,
que
desaparece
entre
todos los recuerdos,
que
se queda
en
las esquinas sin punta
en
las habitaciones
sin
paredes
y
me hace
tocar
el techo
de
este mundo que nunca
voy
a entender como mío.
Estoy
deshecha
para
mí
y
esa es la mejor forma
de
estar sin pretenderlo,
sabiéndome
completa
aun
viendo huecos,
y
rechazando
cualquier
recorte de más
de
quien
quiera
rellenarlos
porque
me ve
como
desea
y
no es capaz
de
aceptar mi realidad,
mi
propia odisea.
Que
no,
que
no me intentes
y
si lo haces,
mejor
sin
juicios ni presunciones
sobre
qué es
lo
que represento,
no
me vale
una
reconstrucción
a
base de suposiciones,
sintiéndote
más
vivo que muerto,
tu
mente,
medio
inerte
y
de carácter suicida,
cuadrándome
dentro
de retinas
en
ideas preconcebidas
que
ni son
ni
existen en ninguna
realidad
objetiva.
Pero
vienes
con
tus pasos
afianzando
la
libertad por tu camino
y
retumba mi senda,
y creéme
que
me sé tus huellas
de
memoria
por
ir a buscarte
cuando
tú ya
has
tomado otros atajos,
y
me quedo con
que
el viento me dice
que
no mentías,
pero
sigues por líneas
cada
vez
más
paralelas a las mías
y
así,
aunque
avancemos
nunca
vamos a coincidir
en
las mismas vías.
Yo
sigo aquí,
en
esta
distante
parada
de tren,
ya
lo sabes.
Y que aquello
que jamás vamos a controlar,
aquello que no vamos
a recuperar,
ese tiempo invertido
en cada lugar,
en cada persona,
en cada intento
de ser algo más...
que sea ese tiempo
el que decida lo que hacer
con tantos billetes
caducados,
con tantas
paradas a deshora
y con la utopía
del destino
que ha forjado este querer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario