sábado, 6 de junio de 2015

Mi propia odisea.

Aún
no hemos saltado del avión
y ya nos quejamos del agua
que vamos a tener
que nadar.

Corro andando
y suelo llegar tarde
a la mayoría de los atajos
pero prefiero
camino correcto
a pasos en falso.

Las cosas pequeñas
han pasado
a ser minúsculas
y las lupas
a veces, me sobran,
los ojos miran
pero no terminan de ver,
todo se queda quieto
excepto nuestro tiempo,
y la gente se limita
a inmortalizar
el momento.

Les va la vida en ello.
Literalmente.

Será mi frío
contra todo este calor,
me derretiré
y aceptaré la temperatura,
querré nieve constantemente
pero sé
que el blanco
no dura para siempre
y que combinará
con todos los matices
de vida
que quieran sentir con él
toda esta locura.

Estar lejos de ellos
sin llegar a perderme,
oyendo
todo cuánto ocurre,
saber curarme antes
de sentir la herida
y tomar precauciones
cuando alguien
me pregunte
por mi inexistente
y congelada huida.

No quiero querer
ni poder,
simplemente
llevarlo a cabo
porque ahora
es lo que tengo que hacer
y no hay tiempo
para elaborar
teorías existenciales
tan solo ser hielo
que cae,
que desaparece
entre todos los recuerdos,
que se queda
en las esquinas sin punta
en las habitaciones
sin paredes
y me hace
tocar el techo
de este mundo que nunca
voy a entender como mío.

Estoy deshecha
para mí
y esa es la mejor forma
de estar sin pretenderlo,
sabiéndome completa
aun viendo huecos,
y rechazando
cualquier recorte de más
de quien
quiera rellenarlos
porque me ve
como desea
y no es capaz
de aceptar mi realidad,
mi propia odisea.

Que no,
que no me intentes
y si lo haces,
mejor
sin juicios ni presunciones
sobre qué es
lo que represento,
no me vale
una reconstrucción
a base de suposiciones,
sintiéndote
más vivo que muerto,
tu mente,
medio inerte
y de carácter suicida,
cuadrándome
dentro de retinas
en ideas preconcebidas
que ni son
ni existen en ninguna
realidad objetiva.

Pero vienes
con tus pasos
afianzando
la libertad por tu camino
y retumba mi senda,
y creéme
que me sé tus huellas
de memoria
por ir a buscarte
cuando tú ya
has tomado otros atajos,
y me quedo con que
el viento me dice
que no mentías,
pero sigues por líneas
cada vez
más paralelas a las mías
y así,
aunque avancemos
nunca vamos a coincidir
en las mismas vías.

Yo sigo aquí,
en esta
distante
parada de tren,
ya lo sabes.

Y que aquello
que jamás vamos a controlar,
aquello que no vamos
a recuperar,
ese tiempo invertido
en cada lugar,
en cada persona,
en cada intento
de ser algo más...
que sea ese tiempo
el que decida lo que hacer
con tantos billetes
caducados,
con tantas
paradas a deshora
y con la utopía
del destino
que ha forjado este querer.



No hay comentarios:

Publicar un comentario