domingo, 15 de febrero de 2015

Ahora el gato ríe.

Salgo al balcón
y alzo la vista,
busco esa estrella
que brille más
que ninguna otra,
la miro y dudo del destino,
creo que no todo está escrito,
que somos algo más
que simples promesas
y falsos motivos.

Me sonríen las farolas,
me ciega el ruido de los coches
me ahogan las prisas de la gente
y escucho las lágrimas
de ese gato blanco
posado encima del tejado.

Mi perro aulla
como sabiendo de la luna,
creyéndose lobo,
queriendo huir,
deseando correr hacia ella,
para contemplarla llena.

Cómo le explico yo ahora,
que su sitio está aquí,
que ir sería perder el tiempo,
andar a deshora
y en contra del viento.

Y yo que sé,
será que todo
es cuestión de perspectiva.

Hay personas
que están más lejos
que cualquier astro,
hay vivos muertos,
y seres inertes
muriéndose por sentir
el más mínimo matiz
de algún sentimiento.

Mentes llenas de nada
y corazones huecos,
cuerpos de diseño
con sentimientos secos,
pidiendo a gritos
salir del desierto,
desesperados
por romper sus barreras,
borrar de sus ojos
los espejismos
y dejar paso
a esa luz
que recorra toda la oscuridad
y les permita
pensar con claridad.

Hay fuego
derritiéndose por ser hielo,
y nieve queriendo arder,
arte cuando se lucha
y pánico, vértigo,
cuando no se cumplen los sueños.

Que no es
lo que pasa esta noche,
ni lo que pasó ayer,
tan solo eso que no pasará,
y no hay peor forma de morir
que no poder hacer nada,
no poder intentar,
ni correr riesgos,
no poder,
a pesar de querer.

Por favor,
no me habléis de imposibles
sino habéis querido volver
donde nunca habéis estado
-sí, hablo de ti-.

Y no digáis
que estáis tristes
porque os han dejado,
que al menos se van
porque no quieren quedarse
y eso es más llevadero
que cuando se van
porque no saben
cómo estar sin hacer daño.

Hay una mujer
discutiendo por teléfono,
el semáforo vuelve a estar en rojo,
todo se para
durante 15 segundos,
y yo llevo parada
desde que dijiste
que no fuimos,
ni seremos nada.

Hace frío
y llevo media hora
con el boli en la mano.

Ahora el gato ríe,
y una vez más,
soy yo la que llora.



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