domingo, 24 de mayo de 2015

A la tercera no va la vencida.

Nos fijamos metas
totalmente convencidos
de que una vez las alcancemos
habremos logrado
todo aquello
por lo que hemos luchado.

Y una vez alcanzadas
cometemos el error
de pasar por alto
ese instante,
cuando ellas,
tímidas,
nos susurran un:
"no te pares,
esto acaba de empezar",
pero somos incapaces
de escuchar el silencio
y queremos más.


Y queremos.
Menos.


Puede que haya que vivir
cada día
como si fuese el primero,
ajenos a todo lo malo
de los años
que vendrán después,
riendo con cada mínimo
atisbo de vida.


Y me pregunto
por todo ese tiempo
olvidado,
momentos
que parecen borrados
y personas
a las que
después de tantos veranos,
ahora,
desconozco.


Lo que nos da fuerza
es aquello
que nos debilita,
y nos mantenemos en pie
por esos golpes,
esos avisos
de que nunca nada
será tal y como
hemos previsto.


Quizá no lo consigas
a la primera,
ni a la segunda,
y debes saber
que tampoco a la tercera
irá la vencida,
pero estás,
eres
y lo sigues intentando,
por ti, por ellos,
o por alguien más.
Que más da.


Porque ser alguien
en este mundo
está sobrevalorado,
creedme,
a veces solo basta
con ser el mundo para alguien.

Y prometo
que cuando descubra
lo que se siente al serlo,
os contaré
por qué
él
decidió dejar
de girar para mí.



No hay comentarios:

Publicar un comentario