Las aceras, las flores
descansan del ruido,
se miran, se abrazan
dejan que les cale la calma
y van silenciando los pasos,
arrancando cordeles,
prendiendo de llamas el barro.
Y se besan,
como viejos anarquistas quemados,
como jóvenes ciegos, borrachos...
los que aman con zapatos desgastados,
los que temen,
pero siguen soñando.
Y gritan,
pidiendo libertad para los poetas,
deseando volver a sentir algo,
pidiendo libertad para los poetas,
deseando volver a sentir algo,
porque viven para beber de su pena,
porque se alimentan de las lágrimas
que derraman en la noche,
de cuerpos
que jamás volverán a tocar sus manos,
los que ya no están,
los que terminarán por matarlos.
Tú preguntas por qué
mientras los ves llegar al final,
por qué siguen pisando clavos,
desangrándose, retorciéndose,
por qué si pueden evitarlo
y gritas que no es necesario,
¿por qué iban a hacerlo?
¿solo porque tú no eres capaz,
maldito cobarde?
maldito cobarde?

Bonitos versos, bonito blog, creo que me quedaré por aquí a leerte a partir de ahora. (Yo estaré escribiendo por aquí http://alunaslejos.blogspot.com.es/ )
ResponderEliminarUn abrasote.
(Me encantó el final, le da la vuelta a la tortilla y transforma el poema en reflexión)
"Bailaba al son de los monstruos por la noche, lloraba cuando anochecía..." yo leeré también tus lunas. Un abrazo aún más grande, Sara.
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