sábado, 17 de enero de 2015

Ingravidez.

Y el viento me recuerda
que nada se para en este mundo
que la gente viene y va
que tiempo solo hay uno
y que lo gastaría contigo
entre los anillos de Saturno,
mirándonos sin gravedad
con la tenue luz
de ese eclipse lunar,
para reírnos juntos
de todo el Sistema Solar.

Que entre tus pestañas
podría bailar
con toda la libertad
mientras me declaras la guerra
mirándome sin más.

Hablas de una mujer
libre,
linda
y loca,
sin saber
que ya hay esclavas de tu piel,
bonitas,
porque eres tú quien las cuida
y miles de cuerdas
deseando pasear por tu cuello
para tocar la canción
que resuelva tu vida
mientras crees que me olvidas.

Los viajes astrales
no tienen nada que ver
con ningún viaje fugaz
entre sus piernas,
pero eso
ya lo sabes.

A fin de cuentas
soy la imbécil,
la que está medio loca
la que nunca va a ser suficiente
como para que te sumerjas
a nadar conmigo
y huir de todo lo corriente.

Pero mis pies
no saben seguir andando
si no escuchan
tus pasos mientras ando,
ni mis ojos
quieren mirar a nadie
si no eres tú
el que los abre.

Y ojalá ella descubra
lo que yo ya sé,
que pasar las horas contigo
es mucho más que mirar
las manecillas
de un simple reloj de pared.

Que no tiene nada que ver
con la palabra rutina,
que es escapar de la Tierra,
y de toda su mierda.

Que es entender
el por qué de la existencia,
olvidarse de la razón
y saber que junto a ti
el amor y el dolor
nunca volverían
a tener cabida
dentro de una misma canción.



No hay comentarios:

Publicar un comentario