sábado, 20 de diciembre de 2014

Si no entiendes nada, es él.

Después de muchas idas y venidas
me he dado cuenta
de que no te dejas acompañar
y aun así no me marcho
ni siquiera sabiendo
que tu corazón
es una fábrica de despedidas.

Cada día que no te hago sonreír
es un día al que le faltas tú
y le sobro yo,
espero que estés mejor
ahora que no somos los dos.

Y no sé que será de nosotros
-si acaso es que algún día fuimos-
no sé si aún te sigues
acordando de mi voz
ni si sigues odiando
los imposibles.

Que ahora dudo
que seas tú
el que cumpla la promesa
de estar cuando nadie esté.

Que no puedo ir a buscarte
porque yo ya te encontré hace tiempo
y sabía que si te miraba
iba a quererte
más de lo que imaginaba.

Si algún día
vuelves a querer oír mi risa
o si te reprochas el dejarme ir
recuerda que yo nunca me fui
que fuiste tú
el que quiso huir.

Si te preguntan por mi
diles que no signifiqué nada para ti
que mis poemas
no son por ti
que tú y yo
en ningún tiempo
hemos podido existir.

Diles que odias mis ojos,
que conmigo nunca soñaste
no les digas que conseguí
que volvieras a sonreír
ni les cuentes lo que yo fui para ti.

Niega todo lo bueno
que pude hacerte sentir,
nunca vuelvas a pensar en mí
ni en los momentos
en los que te hice feliz.

Pero si algún día me ves,
si algún día te veo
y nos quedamos parados,
mirándonos,
solo dime bajito
que sí,
que me quisiste
y que eso, nunca
has podido olvidarlo.


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