jueves, 16 de abril de 2015

Ahora hasta da miedo.

Siento, sientes, sentimos.
Es más fácil conjugarlo que explicarlo.
Y más fácil jugar que darlo.

El problema viene cuando además
de no sentir al mismo nivel,
no lo sentimos por el mismo motivo.
Pero sentimos,
y dicen que eso es sinónimo de estar vivos.
Como cuando llueve sobre mojado, y el suelo, empapado, se queja de sed.

La gente finge tan bien ser tú
que a veces parecen hasta reales.

Ya sabes eso que dicen.
En libreta abierta
siempre entran recuerdos
y aún sigo pensando
en cómo cerrarla
para que no te sigas manchando de tinta.
Será pánico a ver la hoja en blanco.

Voy a ponerle un candado 
a prueba de ti.

Trataré de olvidarte
en menos noches que Sabina,
espero no ser como Loreto,
que tardó 501 y más de una vida.

No voy a llamarte. Tú si me colgarás.
Pensar que entre tú y yo todo se pudo.
Y que todo acabara pudriéndose.

Fuiste como leer un libro.
Como el deleite que le produce una flor
a aquel que no tiene la capacidad de oler
y no puede evitar
acercarla a su nariz.
Se imagina su olor. Y sonríe.
Sonríe solo durante ese instante.
Baja la mirada cuando comprueba
que eso que sueña, eso que quiere,
nunca será posible.

Al final acabaste por decirme

que probara yo a leerme.
Ahora nos desconozco tanto
que hasta me da miedo.
Lo siento, ya no soy lo que eras.

"Qué putada tener tantos precipicios.
Y tú vértigo a estas alturas".

Cada vez que te intentaba, te perdía.
Supongo que mi resta contigo me acabará sumando lo suficiente como para dejar atrás a cualquier persona negativa.

Iba a inventarme una palabra
con la que poder abrazarte y sé que solo vas a aceptar un "gracias".

Me reconstruiste.
A pesar de dejar salas vacías,
y un órgano roto.

Supongo que es el precio a pagar
por creer en utopías,
al igual que aprender a sobrevivir,

sola, con nada más
que la poesía.




No hay comentarios:

Publicar un comentario